Random input
comentarios 20

La copa que te hace bien

Hace unos días las chicas de Maggacup me invitaron a compartir mi experiencia personal con este controversial dispositivo amigo de las damas: la copa menstrual. Por alguna extraña razón, el asunto de cómo manejamos nuestras muy naturales pérdidas de sangre nos genera mucho pudor. A pesar de que todo el universo femenino atraviesa mensualmente el mismo incordio, nos cuesta horrores tener una conversación pública y abierta sobre el tema.

Entiendo si pensamos que no es el tema más sexy (extrañamente, porque está vinculado a nuestro aparato reproductor y por ende al sexo), pero no hay nada que nos tenga que dar vergüenza sobre esto. Obvio, nadie quiere andar manchando el sillón de cuero de sus suegros con sangre o andar caminando por microcentro con el equivalente a un señalador infrarrojo en el traste. Pero convengamos que estas situaciones son más anécdota que realidad. La realidad es que todos los meses tenés que manejar tu pérdida de sangre con productos para absorberla y desecharla, desde que comienza hasta que termina. Es tan rutinario como depilarte, o cortarte las uñas. ¿O no? Claro que si frenamos un segundo y nos ponemos a evaluar todo lo que sucede alrededor de este íntimo ritual, sí hay cosas para sacar a la luz, muy interesantes. Hasta extraordinarias.

Razones para utilizar una copa menstrual
Hay diversas razones para elegir la copa frente a las opciones descartables, pero una de las principales es precisamente que con una sola copa podés manejar tus menstruaciones durante 10 años. Creo que no es necesario más que el sentido común para sacar la cuenta del tremendo ahorro que eso significa. (Para las puntillosas, en 5 meses estarías recuperando la inversión.) Pero no solo te estás ahorrando dinero —dinero que podés usar para comprar otras cosas más interesantes, como por ejemplo hermosos zapatos—, sino que le estás ahorrando a tu cuerpo tener que lidiar con químicos que pueden no ser los más amigables para tu organismo. Sobre eso hablamos en unos minutos.

Por ahora quiero detenerme en esta cualidad de «reutilizable»: también es un beneficio para la ecología. Si elegís esta opción estás colaborando para mantener en pie la población de árboles. Si además elegís usar la copa de Maggacup, ellas se encargan de donar un metro cuadrado (1 m2) de selva a la Fundación Banco de Bosques. Más sobre Maggacup luego.

La copa es de silicona alemana, totalmente inócua e hipoalergénica.

La copa menstrual vs. los tampones
Si sos usuaria de tampones, el hábito de introducir algo en tu vagina para contener el sangrado ya era habitual. Lo que cambia es el formato. Quizás te parezca sorprendente pero no es más difícil porque la silicona se desliza muy bien. Hay técnicas y posiciones para facilitar la colocación, igual que con los tampones. La diferencia es que la copa está fabricada de una silicona atóxica 100% hipoalergénica. O sea que nunca pero nunca vas a tener una reacción negativa a la copa, mientras que tu cuerpo puede rechazar los tampones o tener un shock tóxico (no lo digo yo, lo dice el mismo pack de tampones).
La copa, a diferencia del tampón, puede quedarse dentro de cuerpo hasta 12 horas. O sea que la podés usar toda la noche. ¿La razón? Es que mientras que con el tampón la sangre todavía está en contacto con el aire y puede descomponerse, dentro de la copa se conserva como dentro de tu cuerpo y no proliferan las bacterias. Y al igual que el tampón, cuando está bien colocada no se siente. Otro plus: realmente podés hacer cualquier actividad física o meterte a la pileta con la copa puesta sin peligro de «interferencias».
Otra razón importantísima es que no está nada bueno que una parte tan sensible y permeable de tu anatomía como es la piel de la vagina y alrededores, esté en contacto con el algodoncito blanco aclarado químicamente del tampón. Hay investigaciones en curso que están tratando de establecer si hay un riesgo real en el uso de químicos diversos en los tampones y toallas higiénicas. Tema para no perder de vista. Podés leer más en este artículo de la agencia Télam o en este otro del Huffington Post.

La copa menstrual vs. toallas higiénicas
Las toallas higiénicas no son en realidad muy higiénicas porque no impiden que el aire se ponga en contacto con la sangre. Y por lo tanto hay crecimiento de bacterias. Por esta razón tenés que cambiarlas periódicamente (cada 3-4 horas como mucho). Por eso puede haber olor. Mientras que con la copa no hay nada pero nada de olor, ni tampoco irritaciones.
Si tu problema es la colocación, ejem, amiga: es hora de amigarte con tu anatomía. Es tu cuerpo. Tuyo. Recorrelo como tu propio parque de diversiones y nunca le temas. Nada puede sucederte por introducir un material inocuo en tu bolsillito especial (ok, vagina). Lavate las manos y explorá. El beneficio es enorme, no solo vas a ahorrarte dinero y posibles infecciones, también vas a conocerte mucho más. ¡Y el conocimiento es poder!

La copa de Maggacup viene en dos talles. El 2 es para mujeres mayores de 35 y/o que hayan tenido un parto vaginal.

El miedo
Hay dos miedos principales frente a la copa. El primero es la pérdida de sangre. Se te va en el primer uso porque te das cuenta que no hay forma que la copa no alcance, y que de última eso lo controlás con la periodicidad de «cambio». Puede haber una mínima pérdida si no está del todo bien colocada, pero un protector diario basta para absorberla. Es de hecho la opción ideal para las que tienen un sangrado abundante.
El segundo miedo es que la copa se quede adentro. No hay chance, no tiene adónde ir y el canal vaginal no es infinito. Si se va un poco para adentro, simplemente ¡hay que ir un poco más adentro a buscarla!
Otros miedos son «que se dé vuelta» (nuevamente, el canal vaginal es elástico pero no lo es tanto), o «que se caiga». En este último punto le puedo dar la razón a las mujeres que como yo acaban de tener un parto vaginal y pueden estar un poco más laxas. No se recomienda el uso postparto inmediato —no es para contener loquios—. Pero luego del alta usala tranquila. Y no, no se te va a caer al suelo en el medio del supermercado o de la boda de tu BFF.

Hay algunas situaciones en las que no se recomienda el uso de la copa: si aún no tuviste relaciones sexuales, si tenés o tuviste recientemente una infección ginecológica, si no tenés agua potable y si no podés tener una copa para uso exclusivo tuyo (porque no se puede compartir).

Mi experiencia personal
La copa llegó a mi vida gracias a mi hermana menor, la exploradora familiar de soluciones eco. Rápidamente nos convenció a mi y a mis otras dos hermanas (somos 4) de adquirir una Maggacup, la copa menstrual desarrollada en Argentina por un grupo de mujeres emprendedoras. Lo divertido de probar «en grupo» es que en nuestro whatsapp íbamos compartiendo nuestros primeros pasos y miedos con «el dispositivo». Y así entre todas fuimos aprendiendo que en realidad la clave está en aprender a colocarla correctamente —que no es ciencia de cohetes, es simplemente frenar si te quedó incómoda, sacarla y volverla a poner más adentro. Lo típico es, por supuesto, no empujarla lo suficiente por miedo a que vaya tan «al fondo» —como si tu vagina se tratara de una casa chorizo— que jamás la podamos recuperar. El segundo paso que todas dimos enseguida fue cortarle el cabito. Las copas vienen con una «colita»  que es el equivalente a las rueditas de la bici: una vez que entendiste todo realmente no es cómodo ni lógico dejarla. Tijeretazo y listo.

Hoy tengo otra experiencia nueva, que es el uso de la copa post parto. Y puedo dar fe que sigue siendo súper cómoda y, ahora incluso más conciente de mi cuerpo y sus posibilidades, la elijo sin dudar sobre cualquier otro método o producto.

Pequeña. Fácil de llevar. Solo necesitás una.

La copa Maggacup
Quiero contarles apenas un poquito sobre las mujeres que desarrollaron la única copa menstrual que se produce en Argentina. Las alma-mater son Luciana Paula Comes y Clarisa Perullini, emprendedoras y apasionadas por la educación. Luciana es comunicadora, actriz y profe de teatro. Clarisa psicóloga y profe de primaria especializada en educación especial. Juntas crearon Ciclica.org, una empresa de triple impacto: buscan crear valor social, ambiental y económico. De sus ganas surge Maggacup, pero también otros programas como Menstru-acción que buscan empoderar a las mujeres y reencontrarlas con su naturaleza. Y en el medio, que también los varones puedan ser partícipes de la vida femenina. Para que no tengamos que andar hablando en código delante de ellos nunca más.

Maggacup se produce en la provincia de Buenos Aires desde 2013. Y ya lograron que 21.500 mujeres se sumen a esta nueva buena costumbre de elegir un método respetuoso de sus cuerpos y de la naturaleza. Extraordinario, ¿no? Además desde 2014 donan el equivalente a mantener un metro cuadrado de selva misionera, con la compra de cada copa, a la Fundación Banco de Bosques. Ya lograron proteger del desmonte al Parque Provincial “Caa Porá”, y actualmente colaboran con la conservación del Parque “Curvas del Urugua-i”. Se preserva, además de especies vegetales, a los animales en su hábitat natural: mariposas y arañas, águilas, loros, papagayos y tucanes; mamíferos como los peludos acorazados, murciélagos, lobos de río, coatíes, roedores, zorros, nutrias y carpinchos, los monos, como el carayá rojo y el mono caí; lemures, tapires y osos hormigueros; especies felinas como el yaguareté, el puma y el ocelote. O sea que cuando elegís la copa para colaborar con el planeta, tu impacto es ENORME.

¿Ya usas la copa? Compartí tu experiencia. ¿Lo estás evaluando? Compartí tus dudas o qué es lo que te detiene. ¿No te animás? Contame por qué. Y si ya te decidiste y vas por el cambio, te dejo un link con toda la info sobre cómo y dónde se consigue la Maggacup.

20 Kommentare

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *