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Guía de viaje: Año nuevo en Río de Janeiro

Llegamos a Río de noche. El plan: 4 días de recorrida full speed, y luego partir hacia las islas (próximo post: Ilhabela, Paraty e Ilha Grande). Desde el avión adivinábamos siluetas tratando de ubicarnos. ¿Dónde está el Pão de Açúcar? ¿Eso es Ipanema? Río tiene una topografía compleja, requiere estudio. Por suerte, camino a la sección de «Aduanas» del aeropuerto Galeao, encontramos un escritorio de asistencia al turista que nos brindó en forma gratuita un mapa de Río, de excelente calidad. Por lo tanto, si son novatos, consejo número 1: detenerse en dicho desk a hacerse con un mapa. Lo van a necesitar.

Rio es más o menos así: un quilombo.

Del aeropuerto a Copacabana
Dado que el motivo de la visita era unirnos a los célebres festejos de Año Nuevo —o Reveillon, como aquí se denomina— «el» lugar para establecer nuestro hogar temporario era Copacabana. (Para nuestra próxima visita, nuestro barrio elegido será Leblon. O algún punto entre Leblon y Arpoador, la punta que divide Copacabana de Ipanema. Si no tenés idea de qué estoy hablando, es buen momento para consultar Google Maps.)

Desde el aeropuerto es recomendable tomar el bus Executive que por 13,5 Reales (puede que un poco más, se anunciaba un aumento para el 15 de enero) te lleva hasta el final de Leblon por la ruta de la costa. También te acerca a la Rodoviaria (la estación de buses) y al aeropuerto Santos Dumont. Para saber qué línea (número) de bus deben tomar, recomiendo consultar en el desk de asistencia a turistas. Pero no suelten su GPS: ustedes deberán estar atentos a qué parada solicitar. Resulta que aunque le digan al chofer que desean bajarse cerca de tal o cual destino, y aunque el chofer cabecee en señal de acuerdo, nunca les dirá cuándo bajar. Y si no se lo recuerdan, tampoco se detendrá. Por lo tanto, lo mejor es seguir el trayecto con un mapa con GPS o uno real, y acercarse al conductor para solicitar parada cuando estén muy próximos a destino.

El 'Rainbow-guiño' en el primer lanchonete que divisé en la playa fue una señal de que este viaje iba a ser una súper aventura.

El ‘Rainbow-guiño’ en el primer lanchonete que divisé en la playa fue una señal de que este viaje iba a ser una súper aventura.

Copa, Copacabana
Nuestro barrio durante nuestra breve estancia en Río es mejor descripto como un hervidero de gente. La avenida costera —entre la playa y la primera línea de edificación— es un boulevard vibrante de actividad. Sobre la vereda de la costa se encuentran los lanchonetes (puestos callejeros de comida), cada 100 metros. La oferta es enorme. Pero los cariocas ya son conocidos por su pereza a la hora de ajustar el servicio a la demanda exigente de estos períodos de festejo, por lo que prepárense para esperar: una caipi puede demorar unos 30 minutos. Y si se trata de un plato, unos 60 o más. Esto se repite en todo Río, y es algo a lo que sencillamente hay que acostumbrarse. Al fin y al cabo, uno está de vacaciones. Si la idea es escapar de las esperas, lo mejor es comprar una heladerita portátil —en la calle Nossa Senhora de Copacabana a la altura del Posto 3 hay muchísimas tiendas que las venden— y pasar por el supermercado Pão de Açúcar para armar el picnic en la playa. Si falta hielo, basta con buscar los carritos que van por la bicisenda restockeando a los puestitos, en forma constante. También venden a particulares.

Sin embargo hay algunos imperdibles playeros que se pueden comprar en puestos más precarios y diligentes, como el Coco Gelado. El agua de coco es un «suero natural», hidrata y repone energías como un Gatorade. Se sirve en forma de coco perforado, con sorbete. Y a veces, podés pedir que te lo partan (a machete) para comer la pulpa de coco. No es muy elegante, pero es muy sabroso. También hay cachorro quente con farofa —esa salchicha gigante que parece embadurnada en arena— y mi preferido: el Açai. El açai es una fruta que preparan helada y complementan con granola, miel y rodajas de banana. Lo comen como un desayuno, snack, merienda, postre. Todo el día. Pero en la playa, es la gloria. Consejo 2: comer mucho açai.

Nos tocó noche de chorinho. Cometí el error de pagarle a Alfredo en el momento: vergonha.

Nos tocó noche de chorinho. Cometí el error de pagarle a Alfredo en el momento: vergonha.

Entre los imperdibles de Copacabana, está el Copacabana Palace, con su bonita fachada. Y el bar Bip Bip (Rua Almirante Gonçalves, 50), un pequeño bar autoservicio en el que, cada noche, una banda toca chorinho —un género musical brasileño antiguo, con más de 130 años de existencia— considerado la primera música popular típica de Brasil. Suelen ser 7 intrumentistas —guitarra de siete cuerdasguitarramandolinaflautacavaquinho y pandeiro— y hay mucha improvisación. También se toca Samba (los domingos) y Bossa Nova. La cosa es muy informal: uno se acerca a la heladera, toma su cerveza, y Alfredo toma nota. Así de sencillo. Es fácil identificar a Alfredo, es el señor de barba blanca con look de Papá Noel enojado, que mira de reojo desde el borde del pequeñísimo salón. Al final, Alfredo dirá el total. Y debo decir: no le gusta que le paguen por adelantado. Como si esa actitud desafiara su memoria. Consejo 3: dedicar una noche a escuchar buena música en este pequeño tesoro de Copacabana.

Año nuevo
Para la noche de año nuevo, Copacabana se cierra al tránsito vehicular. Para llegar,  que sacar tu boleto de subte con anticipación. Ojo: van por franjas horarias, y si te colgás, podés quedarte a pie. A partir de las 18 hs, la Avenida Atlántica es del pueblo. Entre Leme y el Posto 5 se desarrolla el grueso de la fiesta. Hay 3 escenarios fijos con shows musicales, pero la gente se distribuye por toda la playa. No queda un centímetro libre. Es muy simpático ver a los acampantes tempraneros armar «fuertes»: hacen canaletas alrededor de sus sombrillas y mantas para delimitar su espacio. Esta práctica es solo para año nuevo. Pero no recomiendo desconocer esas improvisadas fronteras: los cariocas se enojarán.

Unos 16 minutos de fuegos artificiales dieron inicio a mi 2015. Espero un año brillante... ¡y explosivo!

Unos 16 minutos de fuegos artificiales dieron inicio a mi 2015. Espero un año brillante… ¡y explosivo!

Si vas a disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales, el mejor spot está entre el posto 3 y el posto 4. Allí no hay escenario, pero estarás situado en el centro de la línea de barcazas flotantes que, desde el mar, encienden los cielos con miles de estrellas efímeras. Consejo 4: si querés brindar a la medianoche, te recomiendo llevar tu propia bebida en una heladera portátil, y copas de plástico. Nosotros brindamos con Aperol Spritz, un trago a base del aperitivo italiano, champagne y soda. Fresquito y original, fue además un buen recurso para «estirar» las bebidas. Con el calor y el festejo, todos terminan tomando de más. Y con una temperatura promedio de 40º, ¡la resaca no es bienvenida!

Espectacular foto de los fuegos artificiales en Río. No puedo dejar de volver a compartirla porque OMFG!!!

Espectacular foto de los fuegos artificiales en Río. No puedo dejar de volver a compartirla porque OMFG!!!

Vamos a la playa: Arpoador, Ipanema y Leblon
Mi playa preferida de Río es Arpoador. Es una pequeña península que separa a la extensa Copacabana de Ipanema y Leblon. Al cruzarlo, el paisaje cambia completamente. Aparece el morro conocido como Dois Irmãos, cambia ligeramente la arquitectura, y también se percibe una vibra diferente. En la playa se puede alquilar sillas y sombrillas, hacer stand-up paddle, jugar beach voley, comprar túnicas a los vendedores ambulantes, tomar cerveza —siempre helada, puntos extra para Brasil— o comer açai. En cuanto a la recolección de basura, los puestos se encargan de retirar los desechos que a través de ellos se generan (latas de cerveza principalmente), pero si trajiste tu heladera se espera que te retires con tus residuos.

Arpoador es una playa pequeña pero muy cool, a la manera en que las playas saben serlo: llenándose de gente bonita.

Arpoador es una playa pequeña pero muy cool, a la manera en que las playas saben serlo: llenándose de gente bonita.

Desde Arpoador hasta el final de la playa en Leblon —Posto 12— hay unas cuantas cuadras. Pero la caminata es agradable. Varias líneas de colectivo recorren la costa y por 3 reales te acercan a destino. Y cuando te canses de la playa —si eso es posible— basta cruzar la Avenida Vieira Souto para adentrarse en el modo barrio de Ipanema y Leblon, donde también hay mucho para disfrutar. A la altura de Rua Vinícius de Moraes, 49 —Posto 9— se encuentra el célebre bar Garota de Ipanema, donde se supone que Vinicius de Moraes vio a la «garota caminando hacia el mar». A la altura de la Av. Afrânio de Melo Franco —Posto 11— se encuentra el Shopping Leblon, donde además de refugiarte en aire acondicionado, podés visitar algunas tiendas propias de Brasil. Consejo 5, o mis preferidas: Melissa —calzado de goma de colores con diseños imperdibles— y Phebo, tienda de jabones y artículos de baño aromáticos made in Brasil. Ideal para un souvenir. También hay marcas internacionales —como Zara— y en el último piso, un local de Red Valentino que, si sos fashionista y/o admiradora de esta etiqueta, vale la pena mirar.

A rodar mi amor: recorrer Río en bici
Resulta que Río tiene una red de bicisendas muy respetable. Y a pesar de que el termómetro marcaba unos 42º, nos pudimos resistirnos a alquilar unas modestas pero cancheras bicicletas plegables (en Rua Ronald de Carvalho y Av. Atlântica, a pasos del Copacabana Palace, a 60 reales el día completo hasta las 20 hs).

Mi súper bici plegable de alquiler tenía un pedal roto y un freno algo dudoso. Pero la voluntad carioca no comprende de estas nimiedades. Me ofrecieron cambiarla por una sin freno. Opté por sufrir con el pedal.

Mi súper bici plegable de alquiler tenía un pedal roto y un freno algo dudoso. Pero la voluntad carioca no comprende de estas nimiedades. Me ofrecieron cambiarla por una sin freno. Opté por sufrir con el pedal.

Consejo 6: seguir esta ruta sugerida. Partiendo del local, salir hacia la derecha y seguir por la bicisenda junto a la playa en Av. Atlântica, hacia Ipanema. Recorrer todo Copacabana. Al llegar a Arpoador la ruta sigue por la ciudad y desemboca en la playa al otro lado de la península. Seguir por la playa hasta Av. Epitáceo Pessoa. Doblar a la derecha y continuar en paralelo al canal hasta llegar a la Lagoa (laguna). Doblar a la izquierda y continuar por la senda que bordea la laguna. Disfrutar de las hermosas vistas del Cristo Redentor y el Pão desde este lugar. Vale la pena detenerse para capturar fotos, además el paseo puede ser extenuante si no estás acostumbrado y es recomendable hacerlo para hidratarse. Continuar hasta pasar el helipuerto, el Jóquei Clube, y cuando divises la Sociedade Hípica Brasileira, es momento de cruzar la Av. Borges de Medeiros. Debo anticipar que no es tarea sencilla. Recomiendo buscar un cruce de semáforo y armarse de paciencia. Y atención: en algunos cruces los semáforos se activan a voluntad del peatón, o sea que encontrarás un botón para solicitar el cambio de luces.

Primera parada: Parque Lage
Cruzando la avenida debés continuar en esa misma dirección hasta toparte con una nueva avenida, la Rua Jardim Botánico. Verás del otro lado un parque gigante, se trata del Parque Lage. Este parque fue en su origen (siglo XVI) un ingenio azucarero perteneciente al gobernador de Río. A mediados del siglo XIX, un aristócrata inglés compró parte de las tierras y trajo a un paisajista, John Tundale, para diseñar el jardín en el estilo romántico que estaba de moda por entonces. En 1931, Henrique Lage —hombre de negocios— que había adquirido la propiedad, hizo construir un palazzo romano para su mujer, la cantante de ópera italiana Gabriela Besanzoni. Y es realmente un pedacito de Roma en Río, con mármol importado de las canteras italianas y todo. Hoy la propiedad es parte del Parque Nacional Tijuca, y su palacete está ocupado por la Escola de Artes Visuais do Parque Lage, una escuela de arte bajo el auspicio del Departamento de Cultura de Río. Allí vas a poder ver una muestra permanente, además de acceder a sanitarios y un modesto bar.

El palazzo romano del Parque Lage rodeado de selva y con el Cristo de fondo parece un fotograma de película de aventuras en el Amazonas.

El palazzo romano del Parque Lage rodeado de selva y con el Cristo de fondo parece un fotograma de película de aventuras en el Amazonas.

Entre las joyitas de este parque se encuentra un acuario —construído a pedido de Lage— que alberga especies nativas, y algunas construcciones en forma de puente o pérgola, en 174 mil metros cuadrados de pura selva. Datos a saber: el ingreso es gratuito, hay un bicicletero vertical en la entrada este (quizás necesites ayuda, hay que parar la bicicleta sobre su rueda trasera para asegurarla), y desde aquí parte un camino de trekking para llegar al Cristo Redentor. ¡Solo para aventureros!

Segunda parada: Jardín Botánico
Al salir del parque, subite a la avenida y continuá en dirección al tránsito vehicular hacia el Jardim Botânico (Av. Jardim Botânico 1008). Son 10 cuadras —de largo irregular— hasta llegar a este nuevo parque, sin bicisenda, a través de un área comercial con bastante movimiento y colectivos, así que a prestar atención. Al llegar encontrarás un bicicletero modesto, justo antes de la garita de ingreso. Este parque sí cobra entrada, unos 7 reales. A saber: el horario de visita es de 12 a 17 hs. Si alquilas la bici a eso de las 10 de la mañana, llegás perfecto para después del mediodía.

Belleza botánica en el Jardín Japonés, dentro del Jardim Botânico.

Belleza botánica en el Jardín Japonés, dentro del Jardim Botânico.

No te pierdas el jardín japonés con sus nenúfares flotantes y su pórtico alusivo, el Orchideario, el Bromeliario y el boulevard central de palmeras, con su fuente hacia el centro del parque. Si tenés suerte y prestás atención, verás familias enteras de monos Tití —sí, como los de la película animada de Disney, esos que gustan de lo ajeno— pasando entre las copas de los abricó-de-macaco, una de las especies arbóreas del parque.

La rua de las Palmeiras puede provocar un cierto delirio de grandeza a cualquiera con imaginación que la camine, eso sí, con la frente bien alta (y mirando hacia arriba).

La rua de las Palmeiras puede provocar un cierto delirio de grandeza a cualquiera con imaginación que la camine, eso sí, con la frente bien alta (y mirando hacia arriba).

La vuelta
Al salir del parque es recomendable volver algunos pasos hacia atrás y tomar la Rua General Garzon hacia la Lagoa nuevamente. Advierto que el cruce de la Av. Borges de Medeiros no es sencillo en esta parte. Pero es preferible aguardar el momento oportuno y retornar por la bicisenda que bordea la laguna. Al llegar al canal, podremos volver a la costa. Si todavía quedan ganas de bicicletear, los invito a seguir hasta el Posto 12, al final de Leblon. Allí tomar la Rua Jerônimo Monteiro hasta Rua Dias Ferreira. Encontrarán una heladería súper hipster (Momo, Rua Dias Ferreira, 147)—para un merecido snack dulce— y una librería muy bella (Livraria Argumento
R. Dias Ferreira, 417), que también tiene un café. Si tienen mucho hambre, pueden adelantar la cena en el famoso buffet por kilo, Fellini (Rua General Urquiza 104). La recomendación aquí es recorrer todo el buffet antes de servirse. La calidad es buena, pero el precio del kilo es más alto que el promedio.
Una vez que tenemos la panza contenta, es hora de retornar por la bicisenda de la costa hasta la loja donde devolveremos estos gallardos vehículos. El atardecer sobre ruedas, con el vientito en la espalda, es bellísimo.

La noche en Río
Suelo tomar entre comillas la idea de que una ciudad es peligrosa. Un viajero inteligente sabe medir el contexto y no se manda solo a un lugar del cual no sabe cómo salir. Dicho esto, Río es una ciudad que, de noche y en algunos barrios, puede resultar inquietante. En la época de fiestas hay mucho movimiento y muchísima polícia, por lo que es fácil sentirse bien acompañado mientras te manejes por las calles transitadas. Pero no es realmente recomendable vagar sin mapa. Esto es lo que dicen al menos de la zona de Lapa, conocida por su oferta nocturna. Se trata de una calle (Av. Mem de Sá) que, a partir del Acuaeducto do Carioca mejor conocido como «los Arcos de Lapa», y por unas 3 cuadras recuerda a la idea que uno tiene del French Quarter de New Orleans durante carnaval: un quilombo. La oferta es variada: restobars con música en vivo, boliches, restaurantes y cervecerías se alinean una junto a la otra para ofrecer unos 300 metros de desenfreno carioca.

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Los famosos arcos de Lapa y detrás la imponente Catedral Metropolina de São Sebastião. Foto por @pablogaluppo

 

Llegamos un poco tarde a las escaleras, pero aún así era posible apreciar sus hermosos colores.

Llegamos un poco tarde a las escaleras, pero aún así era posible apreciar sus hermosos colores.

Si llegás temprano, una opción muy genial es, previo a recorrer la avenida, optar por visitar la Escadaria Selarón, un tributo del artista chileno Jorge Selarón (1947-2013) al pueblo de Brasil. De Selarón también es el retrato de una mujer embarazada que verán en las inmediaciones e incontables veces en Rio. Al volver de la famosa escalera, hay una parada obligatoria y consejo 7: comprarle una caipirinha a Diego Garden. Por una cuarta parte de lo que cuesta en los bares de la avenida, Diego te deleita con el trago típico de Brasil, en vasos de plástico hasta de 300, 500 y 700 ml, desde su modesto puesto callejero. Y son realmente deliciosas.

Diego diligente prepara litros tras litros de caipirinha, con medidas exactas, en un recipiente de plástico con tapa que sirve con coctelera extra-large.

Diego diligente prepara litros tras litros de caipirinha, con medidas exactas, en un recipiente de plástico con tapa que sirve con coctelera extra-large.

El otro punto de la ciudad que ofrece atardeceres bañados de cerveza tirada y petiscos, es Santa Teresa. Aquí lo recomendable es llegar en taxi, porque el barrio se encuentra en lo alto de un morro y la subida es realmente empinada. El punto de partida es la Rua Almirante Alexandrino 432, en la tienda de artesanos junto al Bar do Arnaudo. Allí van a encontrar algunos simpáticos souvenirs y unos amigos cariocas muy simpáticos que pueden brindarles información sobre el barrio. Consejo 8: desde aquí, hacer un pub crawl o recorrida de bares por los más emblemáticos de la zona. Arrancar en el Bar do Mineiro (Rua Paschoal Carlos Magno, 69). Pedirse una cerveija gelada, y acompañar con pasteis de siri. O unas yucas asadas.

Esto que parece ravioles fritos, son pasteis. Y son deliciosos. No exactamente paleo-friendly, por supuesto.

Esto que parece ravioles fritos, son pasteis. Y son deliciosos. No exactamente paleo-friendly, por supuesto.

Las callecitas de Santa Teresa tienen mucho street art, mucho "no se qué", y mucha propaganda de los moradores que quieren que el tranvía retorne al barrio.

Las callecitas de Santa Teresa tienen mucho street art, mucho «no se qué», y mucha propaganda de los moradores que quieren que el tranvía retorne al barrio.

Luego, tomar la calle Rua Felício Dos Santos hasta el Bar Dos Descasados, en la terraza del Hotel Santa Teresa (R. Almirante Alexandrino, 660). Si el presupuesto no da para un cocktail deluxe, pidan simplemente visitar la terraza. Las vistas son preciosas, tanto de la ciudad como las del hotel. Justo frente a la entrada se abre una calle. Bajar por la misma, y cuando finaliza girar hacia la izquiera. Allí veremos dominar la esquina de la Rua Aúrea, 26, el Bar Do Gomez. Su barra es impresionante. Tiene una buena carta de petiscos (que podemos definir como tapas), pero la vedette es la cerveza negra tirada. No dejen de pedirse una.

Mais RIO por favor!!!

Mais RIO por favor!!!

Saudade
Es verdad, se siente. Cuando uno ve a la ciudad empequeñecer bajo la panza del avión, ya empieza a soñar un regreso. Es que no habrá forma correcta de explicarlo —que pocos días, que la sonrisa de los cariocas, que la bossa nova, que el coco gelado, que todas esas palmeras— porque es algo que se genera en la yuxtaposición de experiencias, tan diversas, que Río ofrece. Experiencias que generan un continuo caudal de sonrisas.

Ya quiero volver a Río. Tantas cosas pendientes (admirar la ciudad desde el Cristo Redentor, subir al Pão de Açúcar, perderme en Botafogo, el nuevo «soho» carioca, ir a la prainha de Tijuca…). Si alguno va de paseo, ¿me cuenta qué otras cosas podemos hacer en esta maravillosa ciudad? Yo prometo actualizar esta guía con todas sus sugerencias :)

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