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Nueva York: High Line Park, Meatpacking & West Village

The High Line

Nueva York es infinita, interminable. Compleja de capturar porque muta permanentemente, y aquella tienda divina donde encontraste aquél tesoro, o el deli donde comiste el mejor sánguche al paso, o el bar con la mejor barra de tu vida, pueden desaparecer de un viaje a otro. No lo lamento tanto: hace a que siempre sea posible redescubrirla.

Esta primera guía de viaje se la dedico a un circuito que repetiré cada vez que visite la Gran Manzana, porque sencillamente lo adoro (y nunca me defrauda): Meatpacking, High Line, The Village. Algunas ideas para conocerlo de día y de noche.

Little West 12th & 13t

The Standard con su estilo internacional domina la vista del High Line. Otros edificios con estilo postmoderno rodean al parque.

De sangre y entrañas, al hogar de hoteles hipster-chic
Técnicamente, el barrio Meatpacking forma parte de Greenwich Village, o The Village como le dicen los locales. Pero tiene nombre propio, porque tiene su historia: esta área olvidada en el tiempo era el hogar de los mataderos que proveían, y aún hoy lo hacen (quedan varios), de carne a la ciudad. Con alquileres relativamente económicos, los primeros en observar su potencial fueron los emprendedores de la noche. De noche, todas las calles de NY tienen ratas, así que ponerse un bar en el Meatpacking era un buen negocio. En los ’80s, sus calles eran un hermoso zoo nocturno. Para la época en que los empresarios del mundo hotelero y de la moda empezaron a mirar el barrio como un espacio auténtico donde el glamour y el lujo de sus marcas ganaban en contraste, los primeros «fundadores» —liderados por el dueño del bar «Florent», pionero que abrió su puertas en 1985— crearon una fundación para proteger 12 cuadras como «Distrito Histórico». Bien hecho. Pero como recién lo lograron en 2003, el mítico Hotel Gansevoort (18 9th Ave) ya era parte del paisaje. Luego se sumó muy cerquita The Standard (848 Washington Street), que se yergue sobre The High Line, con su estilo arquitectónico internacional con referencias a Le Corbusier. Saber la historia hace que recorrer sus callecitas y admirar sus lofts, otrora hogar de carniceros, hoy plagados de marcas de moda y restaurantes súper chic, sea bastante más interesante.

High Line

Lo que no puedo dejar de hacer cuando visito The High Line: comer un Ice Cream Sandwich… OMFG! Qué delicia.

El parque con vista a Nueva York
En mi humilde opinión, Nueva York tiene la mejor oferta de parques con vista del mundo. En ningún otro lugar del mundo uno tiene tantas opciones para admirar el skyline de la ciudad rodeado de verde y disfrutando delicias al paso, como este hermoso Ice Cream Sandwich o una cerveza fría. The High Line es una de ellas. Y por supuesto, también tiene su épica. Este parque tiene su origen y fundamentos en una vieja estructura de ferrocarril que llevaba el mismo nombre, cuyo uso se fue discontinuando hasta que en los años 90 solo servía para crecer pasto. Vecinos abocaron por su demolición. Pero en 1999, la ONG Friends of the High Line —formada por otros vecinos— propuso que la línea se preservara en la forma de un parque público elevado (idea inspirada en la Promenade Plantée en París). La idea prendió. La diseñadora Diane von Furstenberg —que se había mudado al barrio recientemente— hizo una gran campaña para juntar fondos (hoy, la azotea verde de su estudio puede verse desde el parque). El 8 de junio de 2009 se abrió la primera parte del parque, y en septiembre de 2014 se inauguró el tercer tramo. Pero aún sigue creciendo, se espera que la última parte esté lista para 2015.

Un día en… ¿adónde voy, qué hago y por dónde camino?
Opción 1: Brunch. Acercarse un domingo, a la hora del brunch, y tratar de hacerse una mesa en Pastis (9 9th Ave), el bistró estilo francés en el que Carrie y sus amigas se juntaban a chusmear. Atención que en este momento está cerrado por reparaciones, se supone que reabrirá pronto. La opción es Bubby’s (71 Gansevoort St) que acaba de inaugurar, o The Standard Grill (Washington Street entre Little West 12th & 13th). Todos son muy informales, y de precios accesibles (en términos newyorkinos, USD 15-30 por persona).

Pastis

Un Bloody Mary en Pastis.

Acto seguido, subir a The High Line (Little West 12th & Gansevoort St) y disfrutar de un rico helado en uno de los tantos puestitos que hay en el parque. Caminar hasta consumir la totalidad del helado —y un poco más también—, dar media vuelta y desandar nuestros pasos para volver a Gansevoort St, y continuar explorando The Village.

People's Pops

La forma más rápida de acceder a esta sección del parque es por la escalera a la altura de la 14th Av.

Opción 2: Picnic al aire libre. Válida cualquier día de la semana. Acercarse al Chelsea Market (75 9th Ave) y comprar un almuerzo to go en uno de sus tantos puestos. Mi preferido es la pescadería, donde preparan sushi, ensaladas riquísimas y frescas con salmón o atún, sopas de cangrejo, fish & chips… lo que se te ocurra, está ahí adentro.

Chelsea Market

En el mercado podés comprar alimentos frescos y comida preparada, en cómodas bandejas para llevar.

Acto seguido, caminá las dos cuadras que te separan de la escalera para acceder al High Line Park (Little West 12th & Gansevoort St). Caminá hasta encontrar un lugar donde disfrutar tu picnic improvisado: hay mesitas, reposeras, bancos de cemento y gradas estilo deck de madera. Lo que se dice para todos los gustos. Y lo mismo sucede con el paisaje: podés almorzar mirando el Río Hudson u optar por mirar la pasarela que conforma la ruta del mismo parque. Muy al estilo francés de ver la gente pasar.

Cuando termines tu plato principal, no te pierdas el helado. Recomiendo elegir una de las reposeras y recostarse un ratito al sol. Caminar cansa, ¿no? Y si hace calor, no te pierdas mojar los pies en la fuente que riega esa parte del parque.

High Line

Tomar sol disfrutando un buen libro, después de refrescarse los pies… only in New York y en el High Line Park.

Cuando nuestra expedición por el parque llegó a su fin, es momento de desandar nuestros pasos para volver a Gansevoort St, tomar Hudson St hacia The Village.

West Village & Greenwich Village
Greenwich Village es mi barrio favorito de NY y fue realmente amor a primera piel. Porque el Village tiene ese no se qué que vibra en el aire. Muchos dirán que hay barrios más actuales e interesantes y es verdad, pero si me dan a elegir, aquí plantaría mis macetas. Cuando estén recorriendo sus calles (Bleecker, Christopher, Bedford, Greene St) ya lo van a sentir. Aquí sucedieron muchas cosas vinculadas con el arte y la libertad. Fue el hogar de Bob Dylan, Jimi Hendrix, Joan Baez, Nina Simone y muchos otros. Si vamos a nombres más recientes, Lady Gaga arrancó su carrera en un bar de la zona: The Bitter End (147 Bleecker St). Fue también donde comenzó la lucha por los derechos de los gays (1969), en una pelea de épicas proporciones con la policía en el bar Stonewall (53 Christopher St). Desde entonces el Village siempre tuvo un vínculo con la comunidad gay (The Village People… ¿les suena?). Y aires boho. Hoy alberga a tiendas de moda, librerías, disquerías, clubes nocturnos de comedia o jazz, barras de coctelería y cafés.

Greenwich village

Cafés, pastelerías, libros y más: la atmósfera del Village es apacible y cultural. Photo credits: Airbnb/ Wikipedia (licencia CC).

Para los fanáticos de la revista Monocle, deben saber que tienen un pequeño shop en 535 Hudson St (y Charles Street). Se consiguen ediciones especiales de productos creados por la editorial, y números anteriores, incluso de algunas de las primeras ediciones. También es notable la selección de revistas de un pequeño shop frente a Abingdon Square: se consiguen publicaciones de todo el mundo (¡también tienen la Kinfold!). Les advierto que es un peligro acercarse: el papel pesa. Mucho.

De Hudson St recomiendo pasar a Bleecker St, donde abundan las tiendas de moda. Desde Abingdon Square hasta Christopher St, una sucesión de fantásticas vidrieras va a impedirte atravesar esas 4 cuadras en menos de 2 horas. Aquí no se trata de high-fashion, se trata de diseño. Algunas imperdibles: Marc by Marc Jacobs, Jimmy Choo, Lulu Guiness, Comptoir des Cotonniers, Burberry, Sandro, Jack Spade, Zadig et Voltaire, Pinkyotto, MAC y Bond No. 9 (perfumes). Y no puedo dejar de sumar una librería donde siempre consigo cuadernos Moleskine a precio de oferta, Bookmarc.
El consejo:
entrar en todas las tiendas y buscar sales y temporadas anteriores. Siempre hay algún ítem a un precio increíblemente conveniente. Todavía me arrepiento de no haber adquirido un fantástico sobre de Lulu Guiness en mi último paseo por Bleecker.

Greenwich village shops

Bleecker St es una de las mejores calles para hacer eye-shopping del mundo. Photo credit: Flickr/ © one2c900d

Pero antes de lanzarse al festín visual de diseño, debo recomendar una parada estratégica en  Magnolia Bakery (401 Bleecker St). Realmente es encantadora. Su heladera llena de cremas de colores, sus ornamentados cupcakes y tortas, todo envuelto en un suave verde menta y carteles manuscritos con amor. Y su carrot cake es supremo. Si todavía no tienen hambre, pueden llevar alguna dulzura to go en las bellas cajas de cartón con las que te entregarán el pedido, porque este reducto de la pastelería gourmet no tiene mesas. Si no se puede esperar, sugiero pedir también un café para llevar y sentarse a degustarlos en la plaza justo en la esquina (Abingdon Square), o caminar unas cuadras hasta el epicentro del Village, el Washington Square Park.

Magnolia Bakery

Carrot cake de Magnolia Bakery. Yum nom nom!!! Claramente no pude esperar.

Una vez que saciamos nuestra sed de shopping, vale la pena hacer un pequeño detour hacia la calle paralela, para conocer una preciosa disquería: Bleecker Street Records (188 W 4th St). Luego, mi sugerencia es seguir caminando por la W 4th hasta el Washington Square Park. Disfruten de la vibra universitaria (todo el área funciona como el campus de la NYU), y doblen por LaGuardia Pl, que cruzando Hudson St se transforma en West Broadway. Hello, llegaste al Soho. Hora de some serious shopping.

De noche
Si la idea es conocer el área de noche, sugiero el recorrido inverso: arrancar desde Soho (¡no muy cargado de bolsas!), recorrer Bleecker St —hay que tener presente el horario de cierre de las tiendas, en invierno no suelen permanecer abiertas después de las 7 p.m., y si es domingo hasta las 6 p.m.—y terminar la velada en Le Bain, el bar de la terraza del hotel The Standard. Tiene una vista inigualable sobre la ciudad y el río Hudson. Durante el verano, hay un jacuzzi en el medio de la pista, así que elegí tu outfit de manera acorde porque terminarás en el agua sí o sí. Otra opción es el Biergarten (también regenteado por el hotel), justo debajo del High Line: un buen punto para conocer nuevos amigos. Está abierto todo el año. Y si están en plan económico, sugiero un recorrido nocturno por el High Line Park —en verano permanece abierto hasta las 11 p.m.— donde pueden sentarse a admirar las luces de Nueva York degustando una torta de Magnolia’s que tan inteligentemente compraron en el camino (guiño, guiño).

El High Line de noche

Una vista increíble de Nueva York desde la terraza de The Standard. Photo credit: © Paula Ledesma

Si todavía no viajaste, espero el detalle de tus aventuras al regreso. Y si ya fuiste, contame: ¿cuáles son tus lugares favoritos de Meatpacking y Greenwich Village?

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