Random input
comentarios 1

¿Qué se celebra el #DiaDeLaMujer?

Hay una razón para que exista un día «de la mujer» (sí, y no un «día del hombre»). Y mientras que a algunas mujeres esta mera distinción les puede parecer un error machista o feminista —al estilo de “si queremos igualdad no estemos dibujando una frontera todo el día”— la verdad es que tener un día para reflexionar y traer luz sobre el tema no está nada mal. Somos diferentes en muchos aspectos y eso es innegable: todos los seres humanos son únicos y diferentes, más allá de su genitalidad y sus hormonas. Pero estas diferencias no deberían ser sustento para justificar la injusticia, el abuso y el crimen. Aún así, lo son.

La igualdad que mujeres reclaman a lo largo y ancho del planeta es de oportunidades, no de “género”. No tiene nada que ver con querer ser más “masculinas”, ni con el aspecto biológico de parir. Las “oportunidades” a las que se pide acceso no son ocasiones extraordinarias: se trata de la vida misma. Cosas como educarse, trabajar, crear, caminar sin miedo, disfrutar de nuestro cuerpo y nuestra mente en total libertad, ser reconocidas por nuestros logros, expresarnos, cuidarnos, defendernos, sentir, amar. Básicamente, vivir sin que nuestra vida sea violentada bajo algún justificativo discursivo creado con el único fin de nuestro control y dominación. Un discurso tan bien entretejido en nuestras sociedades a lo largo de tantos y tantos años, que hasta las mismas mujeres han sido funcionales a su propagación.

Pero, #niunamenos. El sentido de que hoy conversemos sobre esto es poder propagar conocimiento, educar a hombres y mujeres sobre el daño que genera para la sociedad en su conjunto este discurso y estas prácticas de control social. Para que no seamos inocentes al respecto, y para que no condonemos nunca más que algún aspecto del “ser mujer” sea un justificativo para la violencia.

(Obviamente: no es el único discurso de control social para justificar el ejercicio de la violencia, hay muchos más y afectan a toda una miriada de sectores, minorías y no tanto, pero hoy nos ocupamos de este.)

Quería compartir algunos textos que encontré hoy en mis redes, que resonaron en mí por la honestidad y el compromiso con sus palabras. Creo que nos invitan a conversar desde un lugar auténtico, libre, sentido y sensato:

Mujeres, dejémonos de joder con que la fortaleza de la mujer está en que «menstruamos, parimos y amamantamos con dolor». Lo leo una vez más y vomito. La fortaleza de un ser humano no está en ningún lugar físico. Está en la mente, en el espíritu. No tiene que ver con combinaciones XY. Estoy segura de que una patada en los huevos duele tanto como una contracción o un dolor de ovarios. Esa categorización bíblica obsoleta «parirás con dolor y serás mujer» deja por fuera a mujeres maravillosas que deciden no ser madres. Hace que mujeres que llegan a la menopausia o les tienen que extirpar las mamas o los ovarios o el útero se sientan menos mujeres por eso. Ese diferenciarnos porque «traemos vida» (como si el hombre no hubiera tenido nada que ver con ese proceso) no hace más que discriminar a muchísimas mujeres. El embarazo es un hecho biológico. El amor, la tolerancia, la fortaleza, la bondad salen de otro lado y no tienen que ver con el sexo de una persona. Si fuera por eso, conozco «madres» que son reverendas hijas de puta. Y no creo que tenga que ver con que les pusieron epidural durante el parto. Dicho esto, aplaudo y me conmuevo ante la lucha de mujeres y hombres que desde lugares de desigualdad pelean día a día por ser respetados, por sus derechos y por los de otros.
Andrea Moya, actriz (stand-up, aquí link a su facebook)

Hoy me gustaría que sigamos.
-Que como feministas sigamos explicando, con paciencia, que es el feminismo, hasta que no quede nadie que crea en la igualdad de género pero que diga «yo no soy machista ni feminista».
-Que como creadores, sigamos colaborando con destruir prejuicios y mitos sexistas -como que la histeria es patrimonio femenino, que la amistad verdadera es exclusiva de los hombres, que las mujeres solo sabemos competir entra nosotras, que somos débiles, que las fantasías y las aventuras son cosas de hombres, etc.
– Que podamos seguir ironizando sobre esas ideas hasta que se vuelvan el chiste que en verdad son.
-Que como mujeres sigamos enseñándoles a las mas chicas lo que no nos enseñaron a nosotras y tuvimos que aprender a los porrazos -que se puede querer a los hombres, padres, hermanos, hijos, parejas, pero que ninguna mujer necesita de nadie para sentirse completa, cuidada y sobre todo definida.
-Que sigamos luchando para que reclamar lo que es nuestro (y todavía, pese a lo que nos quieren hacer creer, no nos dieron) -respeto, igualdad de derechos, voz- y para que ese reclamo deje de ser visto como un acto de histeria.
-Que sigamos luchando por ser libres de elegir el tipo de vida que queramos sin ser juzgadas, por tener la libertad de vestirnos a nuestro antojo, por poder ir a donde queramos y hacer lo que se nos cante.
-Que sigamos exigiendo que para el hombre ser «como una mujer» deje de ser un insulto. Que todos sepan que ser mujer, sea lo que sea que eso signifique, es motivo de orgullo y no de vergüenza.
-Que sigamos enseñando que el machismo no es alguien, no es un hombre, ni muchos, no es una empresa. Que el machismo también afecta a los hombres. Que el machismo es una idea que nos enseñaron otros, que a su vez la aprendieron de otros, que la aprendieron de otros. Cortemos el ciclo.
-Que sigamos estando orgullosas de mujeres bellas, de mujeres fuertes, de mujeres luchadoras.
-Que sigamos visibilizando injusticias, abusos, violencia. Que no nos callen. Que no nos maten.
-Que sigamos sin perder la capacidad de reírnos de nosotras mismas y la usemos para crecer y crear.
-Que sigamos siendo mujeres y mucho mas que solo mujeres.
-Que sigamos la lucha y que la nueva fuerza que está adquiriendo la derecha conservadora, a nivel mundial y nacional, no nos haga retroceder sino por el contrario, volvernos mas fuertes.
A veces me siento agotada de ser mujer, de que sea tan difícil, tan incómodo, tan injusto, de sentir tanta presión, de sentir tanto miedo. Espero que mi agotamiento y el de muchas otras de sus frutos en el futuro y que las nuevas generaciones no necesiten sentirse tan agotadas.
Sigamos trabajando, todavía falta mucho para poder festejar.
Y aún así feliz día.
Sole Otero, ilustradora e historietista (@solinaotero en instagram)

Para el día de la mujer regalame ABORTO LEGAL Y GRATUITO. Que no se discuta si la víctima llevaba una pollera corta o si viajaba sola, cuando eran dos. Que respeten las ganas de PARIR naturalmente y donde querramos sin amenazas y maltratos de parte de los equipos médicos de los grandes sanatorios y maternidades. Que no te digan cuando aplicas a un laburo, ahhh sos madre y separada? con un tono desalentador.
Que entre las mismas mujeres pares nos apoyemos, nos ayudemos, nos impulsemos, que no nos veamos como COMPETENCIA. Que dejemos atrás la creencia de que si una mujer es bella por lo tanto es TONTA.
Más amor.
Lo demás es puro cotillón.
Nati Señoriales, actriz y emprendedora (@nati_senorales en instagram)

Wallpaper_DiadeLaMujer

Además me gustaría rescatar este otro texto, en relación al femicidio de Marina Menegazzo y María José Coni, en Montañita. Escrito por la cronista ecuatoriana María Fernanda Ampuero (seguila en Twitter como @mariafernandamp) y publicado en la web Anfibia de la Universidad Nacional de San Martín de Argentina. Va mucho más allá de una carta de protesta en relación a este caso puntual, tiene mucho que ver con las razones por las cuales es necesario aún un día de la mujer que nos ayude a educar en el respeto.

#ViajoSola; a mí me mata el asesino

Yo

Cuando tenía ocho años, el hijo adolescente de unos amigos de la familia me molestó. Sexualmente. No hubo violación ni forcejeo. Ni desnudez o gritos aplastados por la mano grande de un mayor.
Nada de eso.
Pero él era ya un hombre y yo absolutamente niña y me pidió besos en la boca y que fuera su novia y se arrodilló para estar a mi altura y se acercó a mí hasta que pude oler su aliento –que ahora huelo con el mismo miedo- y me arrinconó contra un mueble y el pomo se me clavó en la espalda causándome más dolor y me pidió besos. “Para el amor no hay edad”, repitió. “Para el amor no hay edad” y luego me llevó al closet y ahí no había luz y yo le dije, mucho, que por favor me dejara ir y él que no tuviera miedo, que fuera buena, y me tocó la cara, el pelo, y me dijo que por qué no quería ser su novia si yo era muy bonita y yo le gustaba mucho y por qué él no me gustaba a mí y lo iba a hacer sentir triste si no le daba un beso.
Imagino mi mirada y el desconcierto. Ningún niño, ninguna niña, debe vivir ese miedo inexplicable, un miedo adulto que te sume en la confusión: a lo sexual, a excitarse y excitar. No, joder, los niños tienen que reír y ser niños y asustarse con cosas que asustan a los niños como fantasmas, no sexos erectos.
Malditos sean todos.

Lo que vino después lo tengo borroso. ¿Un ruido? ¿Me escabullí por debajo de su brazo? Sé que escapé escaleras abajo como esos animalitos a los que niños crueles han estado torturando con encendedores y que no paré de correr hasta estar metida debajo de las colchas entre mi mamá y mi abuela.
Sé que lo conté temblando y llorando y que ellas, mujeres como yo, intentaron convencerme de que aquello no había sido importante: es un chico juguetón. Sí, eso es lo que pasó.
Olvídalo María Fernanda, entiérralo treinta años.
¿Será (o es que soy idiota y no lo entiendo) que a veces las madres tienen más miedo de que se ofendan sus maridos, padres, hijos, hermanos, amigos, cuñados que decirles: oye, tú estás abusando sexualmente de mi niña?
Debe ser lo primero: yo soy idiota.
No. No me violaron. Nunca me han violado. Pero esa tarde, apenas unos minutos después de que hiciera trenzas en la cola multicolor del caballo de la Rainbow Bright, un hombre mató mi inocencia.
No estaba en Montañita, no estaba en un país lejano, no estaba siendo imprudente, no “viajaba sola”, ni siquiera había salido de mi casa, mi mamá estaba ahí cerca, me rodeaba todo lo que consideraba seguro del mundo. Las paredes rosadas, las estanterías con peluches y libros de pintar.
Tenía ocho años.
Mi única “culpa” fue haber nacido con una vagina en medio de las piernas.
Pero quién sabe, seguro que alguien piensa: vaya con estas, siempre inquietando a los hombres, desde pequeñitas, qué problema. Algo habrá hecho esa mosquita muerta para forzar a ese chiquillo, un jovencito de su casa, a decirle esas tonterías, cosas inocentes, ¿Qué mal pueden hacer? Él estaba jugando, ¿Cómo van a creer que tuviera malas intenciones? Por favor, sólo en la sucia cabeza de esa niña que ya no sabe qué inventar para llamar la atención.
Es “teatrera”. Esa era la palabra que a partir de entonces usaban para referirse a mí: teatrera.
Se solían reír de la teatrera.

Nadie nunca dijo nada. Mis padres y sus padres siguieron siendo tan amigos, viéndose muchísimo, lo que significa que yo tuve que seguir viéndolo a él aunque en cada fiesta me arrinconara en una esquina, como un conejito en un salón lleno de lobos. Me convertí en una niña más triste. En una adolescente más rebelde. En una mujer más desencantada. Lo que pasó, pasó dos veces: la primera ahí, en ese closet oscuro, y la segunda frente a mi familia, que no hizo nada. Mentira. Que se fue al bando de los malos.
Violencia sobre violencia: si no te defienden es que algo habrás hecho.

2
Viajo

La atrocidad del mundo, esa que rompe el corazón de las niñas, no me es ajena. Hace demasiados años que perdí la ingenuidad y el buenrollismo perpetuo. No confío en todos y en todas. No creo que todos somos hermanos. No hablo en diminutivitos. No soy Flanders, el de Los Simpsons.
Puedo ser una mierda y lo soy cuando quiero.
Soy ecuatoriana, guayaquileña para más señas: sé que hay que tener doscientos ojos cuando andas por la calle. Cien de ellos en la cartera, los otros cien en el culo. Por viajera, por turista, por mujer, por extranjera, por latinoamericana, por hija de mi papá, por inmigrante, por sabiduría popular, porque me han pasado muchas cosas jodidas en la vida, sé andar alerta.
Dicho esto, creo con la fe de los santos que hay más gente buena que mala. Y creo también que este mundo me pertenece, no sólo a los hombres, no sólo a las mujeres que viajan con hombres.
No: a mí, me pertenece a mí, mujer que viaja sola.

Prefiero vivir que no vivir. Y para mí, y para toda la gente que amo, vivir significa salir, viajar, hablar, escuchar, probar, descubrir, mirar, conocer, maravillarse, experimentar. Es decir, eso que algunos llaman correr riesgos.
Sí, es un mundo asqueroso este que permite que algunas chicas no volvamos a casa después del viaje de nuestras vidas, pero es más asqueroso el que tengamos miedo siquiera de emprenderlo.
Yo no voy a dejar de ir a ningún Montañita que me apetezca sólo porque digan que estoy buscando la muerte. No, es lo contrario, estoy buscando la vida. La muerte me la dan aquellos delincuentes que ustedes, señor jefe de policía, señor ministro de Justicia, señor presidente o quién sea que esté encargado de detenerlos no han podido detener.
Voy a decirlo más clarito por si alguien tiene problemas neuronales: a mí me mata el asesino, no el que yo viaje sola.
Yo no soy tan imbécil –aunque sea mujer no soy imbécil- como para buscar la muerte, señores, y menos en un paraíso como Ecuador. En mi Ecuador se busca la vida: ¡hay tantísima! El problema es que si los violadores y asesinos campean a sus anchas si una busca vida, va a encontrar muerte aunque no quiera, ¿o me equivoco?
Yo no voy a dejar de ir a Montañita ni a donde me salga de los ovarios sola, aunque ahora dicen que ese fue el “crimen” de Marina y María José. Ir “solas”, aunque eran dos y, aunque yo soy de letras y bastante tarada con los números, me parece que uno más uno es dos, pero en fin.
Solas.
¿Necesitaban, entonces, un chaperón para que no las mataran? ¿Por qué la policía no cuenta con un servicio de chaperones para turistas solas? Así nos quitamos el problema de encima, ¿no? ¿En vez de perseguir a los delincuentes vigilamos que las locas que viajan solas no “hagan de las suyas” con sus bikinis y sus apetitos salvajes? Oye, es una idea. Y una más: cambiamos el eslogan “Ecuador ama la vida” por “Ecuador ama la vida, pero acompañada”.
Queda más genuino.

3
Sola

Una de las cosas más bestiales que he leído sobre la violación está en el libro Teoría King Kong de la escritora francesa Virginie Despentes. A Virginie y a una amiga las violan de jóvenes al volver haciendo autostop de un concierto. La agresión física y sexual es muy violenta y ambas adolescentes quedan tan traumadas que ni siquiera entre ellas hablan de lo que pasó. Un día, Virginie lee en una revista a la escritora feminista Camille Paglia: “Es un riesgo inevitable, es un riesgo que las mujeres deben tener en cuenta y correr si quieren salir de sus casas y circular libremente. Si te sucede, levántate, dust yourself, desempólvate, y pasa a otra cosa. Y si eso te da demasiado miedo, entonces quédate en casa de mamá y ocúpate de hacerte la manicura”.
Virginie Despentes dice más:
“Camille Paglia es, sin duda, la más controvertida, de todas las feministas americanas. Propone pensar la violación como un riesgo inevitable, inherente a nuestra condición femenina. Una libertad increíble de des-dramatización. Sí, habíamos salido afuera, a un espacio que no era el nuestro. Sí, habíamos sobrevivido en lugar de haber muerto. Sí, estábamos en minifalda solas sin un tío que nos acompañara, de noche, sí, habíamos sido idiotas, y débiles como las niñas aprenden a serlo cuando las agreden. Sí, eso nos había ocurrido a nosotras, pero por primera vez comprendíamos lo que habíamos hecho: habíamos salido de casa, porque en casa de papá y mamá no pasaba nada interesante. Habíamos corrido el riesgo, habíamos pagado el precio (…) Paglia nos permitía imaginarnos como guerrilleras, no tanto responsables personalmente de algo que nos habíamos buscado, sino víctimas ordinarias de algo que podíamos esperar cuando se es mujer y se quiere correr el riesgo de salir al exterior”.

Al principio me chocó muchísimo leer esto de Paglia y de Despentes, pero luego de varias lecturas y de pensarlo mucho comprendí que en el mundo pasan cosas salvajes, innombrables, que pensar lo contrario es de tontitas y tontitas no somos ninguna, pero que no es el mundo el problema, sino las bestias que habitan en él –en Montañita y en Londres y en Buenos Aires- y que no por eso vamos a quedarnos encerradas en casa.
No. No. No. Mil veces no.
¿Saben lo que vamos a hacer? Vamos a exigir que hagan del mundo un lugar más seguro para nosotras en lugar de echarnos la culpa por querer conocer un mundo que, dicen, no es seguro para nosotras. No es culpa nuestra que ustedes no hagan su trabajo. No es culpa nuestra la ineptitud de ponga aquí el nombre de quien gobierne. No es culpa nuestra la delincuencia. No es culpa nuestra el machismo. No es culpa nuestra que nos maten. No es culpa nuestra que nos maten. No es culpa nuestra que nos maten. Me llamo María Fernanda y yo viajo sola. Por mí. Por Marina y María José. Por todas nosotras: #yoviajosola.

¿Qué textos te emocionaron, te hicieron reflexionar o crees que deberían ser replicados para darle más peso a esta conversación sobre los derechos de la mujer? Animate a compartirlos en los comentarios (como textos o links) y ¡sumemos más voces libres a la conversación!

Además, podés bajarte los wallpapers que ilustran esta nota, haciendo click aquí.

1 Comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *