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Guía de viaje: Ilhabela

La segunda parte de nuestro viaje a Brasil nos llevó por el agua a conocer dos de las islas más bonitas que tiene para ofrecer este gigantezco país. Ambas tan diferentes que son prácticamente incomparables. Pónganse el chaleco salvavidas, los llevo de paseo. Primera parada: Ilhabela.

ilhabela_ferry

Eramos los únicos cristianos en este gigantezco ferry —a las 7 de la mañana— que puede transportar 400 vehículos. Y créanme: en horarios pico, no da abasto.

Llegar
Llegar a Ilhabela desde Río de Janeiro involucró un largo viaje en micro. Que se hizo un poco más largo de lo esperado cuando una pareja intentó abordar el bus sin boletos. Long story short, una hora y media más tarde, con llamado a la policía mediante, los cariocas lograron viajar. Nunca entendimos los detalles del acuerdo, pero dada la hora, agradecimos poder seguir en marcha. Desde Sao Pablo el viaje a Sao Sebastián, el puerto desde donde parte el ferry a la isla, es más corto. Por lo que si tu único destino es esta isla, sugiero que tomen el avión a dicha ciudad.

Como buenos aventureros, caminamos con nuestras mochilas desde la Rodoviaria hasta el puerto (calculen 10 minutos a paso tranquilo, es muy directo, pidan indicaciones en la estación). Para transeúntes, el viaje en ferry es gratis. Pero he aquí otro dato: si van a estar unos días en la isla y quieren recorrer sus playas, les conviene realmente llegar en auto. Sugiero además alquilarlo en Sao Pablo donde la oferta es mayor, o donde las tarifas sean más amigables que dentro de la isla (que desde ya les anticipo: no son nada amigables).

El ferry los va a dejar en el puerto, que está bastante lejos de lo que se considera el centro de Ilhabela. Si ya tienen alojamiento, pueden tomarse un micro o un taxi hasta su morada (no, los taxis tampoco son baratos). Si quieren consultar un puesto de Turismo, hay uno en la única avenida por la que se accede a la principal desde el muelle. Mis años de viajera, y más aún mi sentido común, me dicen que también es conveniente llegar con un plan de alojamiento a una isla.

El bus corre por la única avenida asfaltada que va de punta a punta –norte a sur– de la isla. Atención: una línea de bus corre del muelle en dirección norte, y otra lo hace en dirección sur. Además hay varios recorridos posibles, que tocan diversos puntos del pueblo sobre el morro.

Ilhabela

Colorido y sombreros de paja que le dan un look caribe a la escena del centro de Ilhabela.

Downtown
Nosotros llegamos muy temprano —como son las 7 de la mañana temprano— por lo que tuvimos que hacer tiempo hasta la hora del check-in. Así que nos tomamos el bus al centro. El centro de Ilhabela es una mezcla Key West meets Pinamar, con puestos pensados para los turistas de cruceros que hacen escala en este puerto: diversas propuestas gastronómicas, tiendas de bikinis, tiendas de souvenirs, una librería. El objeto it de la isla —que no parece tener una identidad propia fuera de este look playero con aires del caribe— es el sombrero de paja. Y los helados mexicanos, que son nada más y nada menos que helados en palito. Curioso: ni en México los vi declarados como invento nacional.

Del centro recomiendo el puesto de jugos y comida rápida junto al supermercado, al final de la calle que bordea el agua. Barato y salvador, ideal para un desayuno sencillo y para proveer la mochila de víveres para la playa o el resto de la tarde. También hay un centro de Turismo mucho más grande donde contratar excursiones, y por lo menos durante mi estadía, un local de jeeps de Toyota, que alquilaba mini jeeps (a razón de 500 pesos argentinos por día) y prestaba —sí, gratisbicicletas por el día completo. No estaba muy publicitado el beneficio, por lo tanto, tomen nota y a preguntar.

Desayuno en el paraíso

Todas las mañanas nos levantábamos ansiosos de disfrutar del ritual del desayuno (que preparábamos nosotros mismos, mirando el agua): frutas tropicales, huevos revueltos y una gran taza de café do brasil.

El Paraíso de La Musicasa
Como creo ya haber mencionado, desde hace varios años que viajo hospedándome con airbnb. Esta forma de viajar me valió amigos en varias partes del mundo, y experiencias que atesoro como parte fundamental de mis viajes. La experiencia en Ilhabela rankea alto en el top 5, y como dice Pablo, probablemente se debe a que los brasileños inventaron airbnb. Bueno, no técnicamente, pero ellos te hospedaban en su casa antes que se pusiera de moda hospedar gente en tu casa.

Bastó que Mónica, nuestra anfitriona, me escuchara afinar el ukelele, para que encontrara la excusa perfecta para invitarnos a compartir un paseo en lancha —saboteado por una imprevista tormenta—, seguido por una tarde de lluvia y música que se estiró hasta bien entrada la noche, cuando las estrellas ya habían vuelto a formar parte del cielo. En esa tarde, José (un verdadero trovador, y un mecenas musical) me enseño a tocar percusión, Mónica a sentir el ritmo de Brasil en el pulso, y ambos compartieron comida, bebida y amigos con nosotros. El momento que nunca olvidaré: la versión all together now de A Little Respect (Erasure) con base de ukelele, y arreglos de guitarra ¡y violín! Esa sensación de cantar sin reparos con personas que acabás de conocer es grandiosa. Y liberadora.

De paseo en lancha

Conozcan a Mónica, una gran anfitriona, a la que hoy puedo llamar también amiga. (¡Te estoy esperando en Buenos Aires querida!)

Percusión

Aprendiendo percusión del trovador de la casa, José.

Luego nos enteramos que en nuestra casita (teníamos una suite en otro nivel de esta imponente casa que se recostaba sobre un morro) se grabó el disco de la Orquesta Popular de Ilhabela (e invitados). ¡Y que la batería tuvo que armarse en el baño para manejar el volumen! Con el correr de los días —y los invitados— se iba haciendo obvio que no podría haber sido en otro lugar. Esta casa, la Musicasa, es un remanso musical donde los atardeceres se celebran —ocasional brindis incluido—, pero más importante aún, se comparten.

La casa es un paraíso diseñado por Mónica, una anfitriona de lujo, que ojalá puedan conocer algún día. Su listado está aquí. El predio tiene árboles de mango —en verano: watch your head! caen todos los días— y otros frutales, que podrás recoger y disfrutar en el desayuno. La cocina al aire libre es uno de los lugares más especiales de la casa, y si tienen suerte, será escenario de muchos encuentros.

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Atardecer desde la terraza de la Musicasa.

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El exquisito gusto de Mónica y su ojo atento al detalle hacen que cada rincón de la Musicasa sea inspirador.

Las playas
El recorrido playero es norte a sur, y las playas se encuentran una junto a la otra, aunque para acceder a cada una es necesario volver a la ruta principal. De las playas del sur, nuestras preferidas son Juliao y Curral. Del norte, lo recomendable es llegar hasta Jabaquara, pero es imprescindible tener vehículo, porque el bus llega hasta donde comienza el camino de tierra. El vehículo no debe ser necesariamente 4×4, pero atención si llueve: el camino no es nada fácil.

También es posible visitar la costa este de la playa, la que sale al mar abierto, donde la playa es más agreste. Solo es posible acceder atravesando la isla por un camino central de montaña, y que la mayoría realiza como una excursión, a bordo de jeeps, y con un guía. Vimos a audaces intentar la travesía con auto y con los mini jeeps de alquiler, pero debo decir: un cambio en el clima, una lluvia imprevista, y el riesgo de quedarse empantanado es muy alto. De hecho, el camino implica cruzar un pequeño río y algunos otros cruces de agua, dónde vimos quedarse a vehículos bien preparados. (A decir verdad, nuestro guía era un experto veterano que ayudó a cada uno de los vehículos que necesitaron asistencia en el camino. Que fueron como tres.)

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Playa de Castelhanos, desde el extremo norte.

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Jeeps empantanados en los ríos camino a la playa. Apenas se llega a apreciar en la foto la actitud de la señora que viajaba junto a su marido en este jeep: se armó su mini playa, reposera incluida, y leía tranquila un libro mientras los hombres trataban de salir del lodo.

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Botecitos de pescadores en el extremo sur de la playa, donde la costa se vuelve agreste y las opciones para tomar una cerveza un poco más ásperas, pero también más económicas.

La Playa Dos Castelhanos es bonita, pero para disfrutar su mejor vista hay que caminar un poco y alejarse de los postinhos que tienen arreglo con los guías. Caminando hacia la derecha van a llegar a una zona de pescadores con una oferta gastronómica más local. El follaje, las redes, los accesos irregulares del mar sobre la tierra, y los colores y las texturas de las barcazas conforman el escenario ideal para tomar fotografías.

Sin embargo, lo que verdaderamente justifica la travesía es la Cachoeira Do Gato, una imponente caída de agua de unos 60 metros a la que se accede a través de una trilha (sendero autorizado) que comienza en el extremo norte de la playa. Si bien el camino es sencillo y está lo suficientemente limpio como para no perderse, es recomendable llegar con guía, ya que de lo contrario puede ser muy peligroso el intentar meterse en la cascada. Porque, para todos los que sueñan con este momento Blue Lagoon en sus vidas, es posible meterse bajo la cascada. Y es una experiencia magnífica.

Cachoeira do gato

La caída de agua es impresionante. Debo decir que la foto le resta profundidad y empequeñece su escala. Básicamente, en persona ¡infunde otro respeto!

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Pablo haciendole frente a la caída de agua. Golpeaba bastante, pero era posible «asomarse» bajo la caída. Claro que sin el guía que marcó el camino indicado para llegar, hubiese sido muy peligroso intentarlo.

(También me recomendaron el viaje a Bonete, aunque por las particularidades de la excursión en mar abierto, y el clima, no pudimos hacerlo. Es el área más virgen de la isla, y si alguien quiere contar su experiencia, la espero en la sección de comentarios para ampliar esta guía.)

La noche
Lo más accesible de la noche de Ilhabela se concentra en el área de Perequé, donde un segundo centro (alrededor del supermercado más grande del pueblo) ha tomado lugar. Hay varios chiringuitos de playa en los que tomar caipis con las patitas enterradas en la arena, mientras se disfruta de algún show en vivo provisto por una joven banda indie.

En nuestro recorrido vimos otras opciones, algunas discotecas y espacios gourmet. Pero a decir verdad: disfrutamos tanto las noches en la casa, que no nos alcanzó el tiempo para investigar.

Cuando visitar Ilhabela
Los locales recomiendan la época de carnaval, cuando una comparsa formada por residentes y turistas invade la calle central: por el costo de un disfraz es posible participar de una escola. El clima es benigno en todas las temporadas, aunque puede ser muy caluroso en el verano. Los meses más tranquilos son marzo y abril, cuando los paulistas están trabajando y las playas son solo para locales e invitados. Más allá de las temporadas, te sugiero visitar Ilhabela cuando tengas ganas de un poco de playa con feeling caribeño (pero mucho más cerca para los porteños) y servicios dignos de un centro de playa de lujo, como encontrarías en Punta del Este o el mismo Key West. No en vano es la isla donde los paulistas se pegan esa escapadita renovadora: todo está pensado para relajar.

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