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Cómo ser feliz en tu trabajo

Trabajo. Cuantas contradicciones nos genera, que lo celebramos precisamente tomándonos un día libre. Para algunos, trabajo es el lugar de realización. Para otros, es simplemente un incordio sinsentido que hay que atravesar para poder disfrutar unos días de libertad bajo el sol. De plataforma para darle sentido a la vida a cárcel que no deja vivir, a lo largo de todo ese espectro nos ubicamos en relación al trabajo.

La que me puso a pensar al respecto fue Gaby, una venezolana de 24 años que me cuenta en un email que está un poco perdida en relación a este tema. El caso de Gaby tiene sus particularidades, pero hay un punto común que comparte con todos los millenials que me encanta: rebelarse ante la idea de que el trabajo sea simplemente eso. Ese sinsentido donde pasar los días.

¿Cómo puede ser que haya visiones tan dispares? Es claro que este desacuerdo es uno de los que nos complican la vida; y aunque ocupa un porcentaje descomunal de nuestro tiempo, no nos dedicamos lo suficiente a resolver el problema. Algunos pueden pensar que el problema está en la educación, y que con mejores notas o más estudio, llega la chispa mágica que te hace querer lo que hacés, llegar a ser gerente, jefe, etc. Pero no. La vida misma desmiente esto, con su millardo de ejemplos de personas que sin asistir a escuelas de prestigio ni hablar múltiples idiomas, llegaron a realizarse en su trabajo. Otros pueden decir que en realidad el problema es que trabajamos demasiado (y con ellos puedo estar de acuerdo!) pero tampoco es un problema de tiempo libre. Algunos pasan su tiempo libre lamentándose su falta de opciones frente a la tv.
También podemos apuntar al dinero y creer que cuando uno gana mucho, trabaja más feliz. Pero en verdad, mucho dinero solo genera más peso sobre lo que sea que se posa.

Si me dicen que el problema son los jefes, ahá! Ahí tenemos una punta válida. Los que somos responsables de generar y sostener equipos y espacios de trabajo tenemos una buena chance de cambiar la historia mundial. Pero aún falta algo más, algo que se aprende mucho antes, cuando somos chiquitos. Lo sé, porque tuve la suerte de que me pasara a mi. Yo aprendí de chica cuál era el lugar que quería que ocupe el trabajo para mi. Y creo que se puede enseñar. No hace falta ser artista, hippie, yuppie, millonario, celebrity o llenar estadios para amar lo que uno hace. Lo único que hace falta, es encontrar una buena razón para hacer lo que uno hace, y un gran equipo con el cual compartir esa pasión-misión. Y lo mejor es que “la razón” no tiene que ser una idea propia siquiera! Se puede ser feliz trabajando en equipo para una gran idea. De hecho, las buenas GRANDES ideas, no tienen realmente autor, sino que se van moldeando en las manos de las personas que las hacen realidad. Son más bien como un norte un poco difuso pero feliz y soleado en el que todos queremos despertar. (Y no, no son vacaciones. La gran idea es algo un poco más trascendente para la humanidad en general.)

Lo único que tenemos que aprender (y dedicar nuestra vida a ello) es a reconocer buenas ideas y buenos equipos. Y a salir corriendo inmediatamente de los lugares en los que no creemos. Porque esto es, sin duda, una cuestión de fe y confianza. Es lo que nos hace humanos, ni más ni menos. La capacidad de creer que algo grande viene, y la confianza de que si nos quedamos juntos vamos a tener con quién celebrarlo cuando llegue.

A quienes les interese este tema, les recomiendo leer “Start with why” de Simon Sinek, “Linchpin” de Seth Godin, e incluso “Girlboss” de Sophia Amoruso. Y si ya son jefes o líderes de una organización, “Leaders eat last” (también de Sinek). Yo ahora arranco con “The Art of Asking” de Amanda Palmer, que es un gran ejemplo de que uno puede mover montañas por una buena causa, e incluso pasar de tener bolsillos vacíos y mucho tiempo libre a tener una agenda repleta de conciertos.

Ah! Y si, esto es importante: lo que aprendí de chiquita, lo aprendí observando a mis papás que son dos laburantes apasionados, con sus aciertos y sus errores. Pero también lo aprendí leyendo y no necesariamente libros de negocios. Así que si se sienten un poco perdidos en relación al tema “trabajo”, lean. Los escritores son muy buenos “plantadores” de ideas. Y ya vieron, por ahí se empieza.

Feliz feliz día a todos los que dignifican la idea del trabajo con sus ideas, sus manos, su sonrisa, su fe. Feliz feliz día a todos los que entienden que liderar un equipo de trabajo es más parecido a ser padres que a ser guardias de un circo romano. Hagamos feliz el trabajo, todos los días.

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1 Comment

  1. Estoy taaaan de acuerdo con esto que decís Vik!
    Sin embargo creo que hay algo que a veces no se tiene en cuenta: aún cuando tengamos un laburo que nos dé solamente dinero (lo necesitamos para vivir, qué tanto!) no podemos permitir que eso nos arruine la vida. Si estamos todo el día siendo infelices en nuestro trabajo, es muy difícil que nos quede energía para pensar en GRANDES IDEAS para el trabajo o para la vida. Amiguemonos con la posibilidad de tener un trabajo y algo en paralelo que nos dé felicidad, no?
    Yo tengo la suerte de tener un trabajo que me hace feliz, pero me llevó tiempo encontrarlo. Lo bueno es que disfruté bastante la etapa anterior, je.
    Feliz trabajo, feliz vida!

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