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Así llegó Astor al mundo (mi relato de parto)

¿Sabían que desde 2004, en el mes de mayo se celebra la Semana Mundial del Parto Respetado? En Argentina se realizan actividades en todo el país, encontré una buena agenda en este sitio de facebook.

Cuando mi pequeño milagro ordene mejor sus tiempos —y por ende los míos—, quiero compartir con ustedes todo lo que aprendí durante mi embarazo sobre el Parto Respetado o Humanizado. Lo primero que aprendí, y se los digo desde ahora, es que las mujeres (sobretodo las primerizas) sabemos muy poco sobre el tema. ¡Y qué tema! Parir (o la posibilidad latente en todas nosotras) es una capacidad maravillosa, llena de misterios, que nos acerca profundamente a las otras mamás que habitan la Tierra, las mamíferas. Nuestro momento más animal, más natural, más creativo, más fantástico. Pero modernidad y ciencia mediante, se ha vuelto un trámite (o un montón de trámites) y una operación medicalizada que nos pone en otro lugar, lejos de la libertad, la magia y el poder natural que nos habita: en un lugar pasivo, donde el médico manda y la parturienta obedece.

Hoy, esta realidad nos pone en el lugar de tener que recuperar activamente lo que es en realidad “normal”: el parto vaginal no intervenido. Las cesáreas y los partos intervenidos son igualmente necesarios y salvan bebés y mamás. El problema es que se han convertido en la norma y no en la excepción. Esto obedece a una variedad de causas, entre las cuales hay variables económicas (relación tiempo-costo-rentabilidad de un parto) y variables de control social. Cada una tiene que encontrar una respuesta diferente, pero de nuevo: lo fundamental en primera instancia es que las madres recuperen su protagonismo durante el parto y eso se construye con buena información y apoyo de los círculos familiares y sociales desde el embarazo (y lo ideal sería que desde mucho antes también).

Llegando a la clínica con mi pelota, lista para dejarlo todo "en la cancha".

Llegando a la clínica con mi pelota, lista para dejarlo todo “en la cancha”.

Para celebrar esta semana y contribuir con información para las mujeres que estén con ganas de meterse en el tema, comienzo por compartir mi propio relato de parto. En otros posts les contaré cómo me preparé para un parto no intervenido, en este me dedico solo al momento clave del parto… que finalmente, por razones que escaparon a mi preparación, necesitó de la ayuda de herramientas médicas para poder desencadenarse. Porque allí reside el quid de la cuestión: a veces la intervención médica es necesaria, pero prepararnos y elegir a los profesionales adecuados, hace que al momento de decidir una intervención estemos seguras de que es lo correcto y confiemos en el médico que nos acompaña para que respete en todo lo posible nuestras elecciones.

Aprovecho para agradecer a Diego Halle (mi obstetra, director de Comparto), a Juan Pablo Sojo (el obstetra, parte del equipo de Diego, responsable de mi parto) y a la genia de Verónica Ferrando: la partera que hizo nacer a Astor por donde yo quería.

Astor durante su control neonatal. Lo que pasa con los bebés apenas nacen también forma parte de las decisiones de parto que podemos tomar como padres y deben ser respetadas.

Astor durante su control neonatal. Lo que pasa con los bebés apenas nacen también forma parte de las decisiones de parto que podemos tomar como padres y deben ser respetadas.

Así llegó Astor al mundo

El 30 de abril, a las 22:39 hs, con 52 cm y 3,636 kilos hizo su debút en el mundo ¡el torito Astor!

Luego de una clase de esferodinamia en Tobi Natal nos fuimos a cenar con mi amiga Pia (también embarazada, esperando a Lorenzo) y con nuestros maridos. Llegamos a casa cerca de la medianoche y Pablo le sacó una foto a la panza. Invitamos a Astor a salir de su monoambiente con una de las tantas técnicas sugeridas (adivinen cuál) y nos fuimos a dormir. De repente, ¡sorpresa! Rompí bolsa a la 1:30 hs, no tuve duda alguna porque fue rotura franca. Festejamos que finalmente (¡a las 41 semanas cumplidas!) nuestro bebé venía y llamamos a Vero Ferrando, nuestra partera, para avisarle. A partir de entonces solo me quedaba esperar que arrancaran las “buenas” contracciones (eso pensé).

El problema fue que las contracciones nunca progresaron. Después de 2 horas, en vez de hacerse más regulares e intensas, comenzaron a desaparecer. Para el mediodía era claro que mi trabajo de parto (por más que no parara de agitar caderas en la pelota) no quería arrancar. Diego (mi obstetra) puso horario para encontrarnos en la clinica (Trinidad de Palermo) a las 16 hs. Tomé el antibiótico que me recetó, almorcé liviano y me fui a dormir un rato para cambiar la estrategia. A la hora señalada nos encontramos en la clínica con Vero para la admisión y comenzar una inducción con oxitocina: a 41 semanas, con bolsa rota y ya más de 12 horas sin contracciones, mi obstetra no veía recomendable esperar más. Temí perder mi parto natural, pero me enfoqué en mi deseo y en lo que podía hacer en cada momento: era obvio que aferrarse a las expectativas no era de gran ayuda. Solo podía trabajar por eso.

A eso de las 17 hs comenzó el goteo en una pequeña salita de pre-parto en la planta baja de la Clínica Trinidad de Palermo. Mi dreamteam presente: Pablo y Vero. Entre anécdotas fuimos avanzando las primeras contracciones. Yo alternaba movimientos sobre la pelota, cada contracción un poco más intensa pero totalmente soportable. Los dos primeros tactos fueron también muy soportables, pero después del segundo, Vero emitió un ultimatum, el que me temía: “Vik, si en la próxima hora esto no prospera sustancialmente…”, y no necesitaba completar la oración, yo ya sabía que la temida cesárea estaba en el final tácito de esa frase. Pero Vero me dio un plan de acción: con cada contracción tenía que pujar para ayudar a que Astor hiciera su trabajo. Por suerte, él estaba colaborando como un campeón… pero el cuello de mi útero estaba muy poco receptivo.

La siguiente hora y algo más fue realmente lo que esperaba de un trabajo de parto. Me desconectaron del monitor y con solo la vía con oxitocina (que Pablo custodiaba) empecé a trabajar posiciones entre la pelota, el inodoro y un toallero estratégicamente ubicado frente al inodoro. Con cada contracción pujaba: un mix entre pujo con respiración bloqueda y pujo en exhalación. Apareció la voz: aaahs y ooohs, puteadas y gruñidos guturales sin forma sonora definida pero que en mi mente tenían forma de caverna mágica y conjuro estilo “ábrete sésamo”. Sentí que entraba en ese mundo primitivo donde la mente se desdibuja. Náuseas. Dolor. Pujo. Era todo cuerpo.

El siguiente tacto fue el pico máximo de dolor que sentí en mi vida. Temblaba como un volcán en erupción. Me costó volver a recuperar el control. Pero Pablo y Vero estaban ahí para sostenerme. Y pasó. Y yo seguí. Vero me anunció que había convocado a la anestecista y yo no me opuse. Ambas sabíamos que no había otra forma de seguir, teniendo en cuenta lo que seguía. Vero le indicó a Pablo que recolectara todas nuestras pertenencias porque íbamos a sala de partos. Cuando lo volví a ver tenía puesto un ambo en un hermoso color amarillo: mi color favorito. Para mi fue una señal de que todo iba a salir bien.

En sala de partos continué pujando cada contracción sentada o en cuclillas o apoyada sobre la camilla. Pablo me acompaño hasta que llegó el momento de la aguja. Vero lo reemplazó en su rol y me contuvo: no solo para que no me moviera, también fue contención de madre, de miedos, de “vamos que lo estamos logrando” y “vos podés”. Realmente estaba en un punto que el dolor estaba ganando el control, así que agradecí la posibilidad de esa peridural.

Con otra sensación en el cuerpo, pude recuperar mi mente. Una sensación muy particular: la de una claridad mental brillante pero enfocada en un tubo. Toda mi atención estaba enmarcada en Astor y en cómo usar mi fuerza para ayudarlo a nacer. Y fue fundamental: eran las 22 hs y tenía una dilatación de 7. En 40 minutos, tenía a Astor en mis brazos. Lo que sucedió en el medio, fue una danza de parto que no me había imaginado, pero no por eso fue menos mágica. Solos casi hasta último momento, Pablo, Vero y yo pujamos con cada contracción. Vero con sus dedos iba guiando dentro mío a Astor a través de mi cuello, ayudándolo a ganar espacio. Perfectamente consciente de cada contracción, yo les iba avisando cuando estaba ganando fuerza para prepararnos los tres. Dos pujos en dos tiempos, uno bloqueado, uno en exhalación, otro bloqueado, otro en exhalación.

Al final se sumó Juan Pablo, el obstetra suplente (Diego tuvo que ausentarse por fuerza mayor, una vez más sirvió no aferrarse a expectativas). Por suerte Juan me había hecho el último control el día anterior. Llegó con música, que puso en un ipad cerca de mi cabeza: “Somewhere over the Rainbow”, en la versión ukelelera de Israel Kamakawiwo’ole. Ukelele. Arco iris. Señales para mi, como mimitos del Universo.

“Ahora vas a sentir mucha presión acá abajo”, me anuncia Vero. “Pablo mirá”, dice Juan. Pujo, sentir a Astor presionando el coxis. No pedí cambiar de posición, si bien sentía fuerza en mis piernas, también podía pujar acostada con las piernas contra el pecho. Lo único que me importaba era conocer a Astor, lo más pronto posible. Pujo, más presión. Juan y Vero me daban pautas del avance pero era yo la que dirigía el proceso, con el inicio de cada pujo. Vero me alentaba para que le dé a cada pujo una duración aunque ya yo no lo necesita: estaba muy consciente de mi fuerza y de exactamente dónde dirigirla. Creo que no perdí ni un poco de energía en otro lugar. Los pujos finales los hice todos con una sonrisa, relajando la boca, mientras visualizaba un círculo de luz arco iris que se iba abriendo como una flor.

El último pujo fue muy a conciencia: sabía que si no lo sacaba en ese, podía venir la temida episiotomía. “La cabeza es grande”, dijo Juan. Vero monitoreó y yo pude escuchar que los latidos habían bajado. No necesitaba verlo, aunque Pablo después me lo confirmó: Juan preparó la tijera. No hizo falta finalmente: ¡con ese pujo salió la cabeza de mi hijo! Juan lo acomodó, Pablo me ayudo a incorporarme para verlo: una mata de pelos largos desordenados. Con ambas manos lo tomé por debajo de sus axilas para ayudarlo a sacar sus piernas y me lo llevé al pecho. La enfermera lo cubrió con una manta, se sentía resbaloso y calentito. Le dije muchas cosas que, extrañamente, no recuerdo, pero eran amor. Eramos un triángulo perfecto de amor: Astor, Pablo y yo. Nos dejaron compartir juntos un tiempo que pareció una eternidad. Luego Juan le dió a Pablo la tijera para que le cortara el cordón, mientras yo besaba a Astor en su cabeza sin parar. Unos minutos más tarde llegó la neonatóloga y anunció que se lo llevaba para su control. Me sentí segura de dejarlo ir. Estaba muy tranquila. “Es una de las mejores”, me dijo Juan en cuanto salieron por la puerta Pablo, Astor y la doctora. “¿Querés que te tapemos?”, preguntó Vero. “No, no hace falta, no me va a agarrar vergüenza ahora chicos, ya vieron todos todo de mí”, me reí. Mientras tanto Vero y Juan se encargaban de la placenta, las enfermeras limpiaban alrededor. Juan empezó a coserme. “No te corté”, me dijo orgulloso. “Pero te voy a hacer algunos puntitos internos”. Puntos, las enfermeras me limpian riéndose “esto parece una zona de guerra”. Y a mi no me importa ver mi sangre desparramada por ahí. Estoy tranquila. Siento mis piernas y puedo moverme perfectamente a la camilla que me llevará fuera de esta sala, donde sé que voy a volver a ver a Astor. A salir reconozco el espacio, es el mismo del video que nos mostró Gimena, la pediatra en la clase de “Cuidados del Recién Nacido” que tuvimos en Tobi Natal. “Estoy ahí, soy como la del video”, pensé. Llegamos. Llegaste bebé, y sos lo más hermoso que me pasó en la vida.

Astor se prende a mi teta enseguida, y yo siento que es su forma de decir: “acá estoy mamá”. Y “Gracias”.

Ya más tranquilos, la noche siguiente, publico en mi cuenta de instagram/facebook una foto que me sacó Pablo, de Astor junto a mi panza desinflada. Y escribo:

“Bienvenido seas Poroto mío! 👶🎉🙌 Finalmente llegó el día mágico en el que bailamos juntos esta danza llamada #parto y saliste de mi #panza para reclamar tu lugar en el mundo. Te llamamos #Astor, que significa “halcón” y era además el nombre de un gran innovador que no tuvo miedo a desplegar su arte frente a toda crítica. Ahora mi panza vacía te hace de almohadita y yo pienso que en realidad no podría tenerte más adentro de mi ser. Tan otro y tan pedacito de mi corazón. Que tu vida entera sea la más bella de las aventuras.” 

¡Nuestra primera foto oficial como familia!

¡Nuestra primera foto oficial como familia!

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16 Comments

  1. MIca says

    HERMOSO RELATO!!! que de verdad emociona…Gracias por compartir!

  2. Mariana Wasiljew says

    Me emocione mucho con tu relato Vicky <3 gracias por compartirlo

  3. lia pichon riviere says

    Qué maravilloso relato Vik!!! No hay mucho más para decir, el milagro de la vida es tan poderoso!! Te felicito, los felicito. Ojalá hubiese sido tan sabia y lúcida como vos al tener a mis hijos. Quién sabe, quizás hubiese podido tener un parto natural en lugar de cesárea. Pero lo importante es que ellos llegaron al mundo, sanos, y hacen que una parte de mi corazón ande por ahí, donde ellos estén.
    Beso grande y a disfrutar cada instante con Astor!!!

  4. Anahí says

    Que emocionante tu relato! Te felicito por pelear como una leona por traer a Astor de manera natural!
    Mi experiencia fue parecida, hace diez semanas atrás, luego de 36 hs de haber roto bolsa nació Fausto por parto vaginal.
    Apenas ingrese al hospital me internaron y no me dejaron levantar mas, por precaución, me dijeron que podía salirse el cordón o un bracito y complicar el parto. Me quede con mis ejercicios de yoga que tanto habia preparado para ese momento!
    No recuerdo tan al detalle lo que paso, pero si recuerdo que en el ultimo pujo ( ya habia entrado el cirujano y anastesista porque estaba por ir a la tan temida cesarea!) me enfoque en mi bebé, lo visualice flotando en la sala de parto y el dolor desaparecio! En ese momento nacio mi Fausto!
    Sentí como si mi alma hubiese salido de mi cuerpo para ir a encontrarse con la de él y así ayudarlo a nacer.
    Sin dudas la experiencia mas primitiva, salvaje y autentica por la que podemos pasar!
    Gracias por compartir tu parto y alentar a las futuras mamás!
    abrazos plurales!

  5. Feli Pizarro says

    Que lindo Vik! Nunca leo blogs. Nunca. Y me dio curiosidad, y me emociono muchi leerte! Que guerrera mamita!!
    Felicitacions y Felicidades y Felices sean siempre!!
    F

  6. Angeles says

    Vík emocionante me hiciste acordar al mío fue parecido . Mágico y emocionante como el tuyo!!
    Felicitaciones!! Besos miles

  7. Mónica says

    Wow! que maravilla! me has tocado el corazón, gracias por compartir la magia de ser madre por la vía natural en consciencia plena, porque aunque ya no pueda regresar el tiempo si tengo un hermosa mujercita a quién enseñarle tanto! Felicidades por disfrutar la vida a full!
    Bendiciones a Astor!! 💛💛💛💛

    • Vik Arrieta

      Gracias Mónica!! Yo haré mi parte con mi pequeño, que también tiene que aprender sobre todo esto para cuando le toque acompañar a una mujer en el viaje cósmico que es ser madre. Beso!

  8. Keila says

    GUAU.. me hiciste llorar, y eso no es fácil, que manera de inspirar! Ojalá pueda experimentarlo, vengo de una cesárea de hace 1 año y 8 meses ya que mi bb estaba de cola y tenía bajo peso, pero había llegado a 7 de dilatación y atravesado 6 hs y media de contracciones, una lástima que no se pudo dar por su posición principalmente. Rezo por que esta vez sí pueda darse un parto vaginal! Hermoso lo q escribiste! Y felicitaciones por tu hermoso hijo. Un beso.

  9. Dai says

    Es la primera vez que te leo, y me emociono tanto!!! Gracias por compartir con nosotras el mejor momento de tu vida.
    Voy a leerte más seguido 💓

  10. Cintia says

    me emocione muchisimo! que hermosa experiencia tuviste!! saludos desde Mar del Plata!.

  11. qué emoción! se me cayeron unas cuantas lágrimas.. y mirá que desde antes de tener a mi bebé vengo leyendo historias de parto, pero sobre todo después, que empecé a interesarme más por el parto natural (si, nació por cesárea). Muy inspirador!! Me lo voy a guardar para cuando tenga el próximo! Gracias.

    • Vik Arrieta

      Me da mucha alegría saber que mi historia puede inspirar a una mujer a buscar un parto natural :)
      Es cierto que muchas veces es necesario el parto asistido (el mio fue asistido por drogas que me ayudaron a tener un parto vaginal en vez de una cesárea) pero también es cierto que muchas mujeres piensan que no van a poder tener un parto natural porque simplemente no confían en su capacidad, cuando estamos perfectamente diseñadas para ello. ¡Vamos que se puede!

  12. Gracias Vik por compartir !! Lo describiste muy natural y realmente emociona. Felicidades para tu familia !!

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