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#somosJefas ¿Jefa se nace o se hace?

Este mes en la revista Ohlalá dedicaron toda una sección a discutir qué significa “ser Jefa”. Si hay algo que me encanta, es alentar a otras mujeres a que se animen a ocupar ese rol, en dónde sea que se encuentren. Se puede ser líder de las cosas más pequeñas y de las más grandes: desde tu propio universo (tu vida), pasando por tu casa, tu manzana o comuna, tu equipo de trabajo, un sueño en común o un sueño personal, una empresa, una institución o un país.

Podemos discutir sobre si “jefa se nace o se hace”. Y si bien todas somos únicas y diferentes —y es muy posible que no todas deseemos la responsabilidad de un cargo ejecutivo— yo creo que las mujeres tenemos condiciones naturales para liderar.

Jefa vs. Líder
¿Ser líder y ser jefe son lo mismo? No. La idea de jefatura tiene fuertes raíces militares, implica jerarquías, obediencia y el ejercicio autorizado de la violencia para corregir desvíos. Wow, ¿quién querría ser jefa entonces? Ahhh… pequeña trampa para nosotras, los corazones sensibles. Claro, años y años de un discurso con el que no empatizamos demasiado nos hacen pensar que “las jefaturas” no son para nosotras, o bien que tenemos que hacernos crecer un mostacho, usar pantalones y aplastar a la competencia para poder estar a tono.

Y si bien es necesaria “la fuerza” para empujar a un grupo de personas hacia un objetivo, como mujer pienso esa fuerza como una capacidad interna: la de juzgar con sinceridad lo que hoy no es, abrazarlo, y confiar profundamente en que mañana puede ser posible. Ya sea una cocina con los pisos más mugrientos del mundo, un hospital con el stock de medicamentos diezmado, un producto que es solo un boceto, una adicción descontrolada… la fuerza para “torcer” esos destinos tiene que venir de adentro y fluir a través de un proceso que por lo general siempre implica a un equipo de personas, y una inversión (de tiempo, de dinero, de saber, de voluntad).

Aquí otra gran diferencia: ser líder implica que la gente que “te sigue” lo hace con ganas, y no porque está evitando un castigo. Eso agiliza muchísimo la marcha de las cosas (basta ver qué tan rápido galopan los caballos que van a casa). No se trata de manipular información para que otros piensen que están haciendo algo que les conviene: se trata de compartir conocimiento, y de tener un fin común y genuino por el que tu equipo comparta tu pasión. Implica comunicar esa pasión y celebrarla entre todos.

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¿Tuviste jefas mujeres? ¿Tenés una ahora? Contame en los comentarios cómo es. Sí, re chusma.

Invertir en vos
¿Ahora se entiende mejor por qué digo que las mujeres tenemos condiciones naturales para liderar? No dije que seamos mejores líderes que ellos, sí quizás diferentes en algunos aspectos: intuitivas y empáticas, “cableadas” para leer sutilezas y atender detalles, y hasta un poco más resilientes por naturaleza. ¿Por qué “más” resilientes? Bueno, porque en nuestro ADN está la información para atravesar una transformación todos los meses, y luego en forma extrema y maravillosa por nueve meses para albergar a otro ser vivo en desarrollo y dar a luz (e incluso aunque nunca seas madre biológica, esa capacidad para asumir tus transformaciones vive en vos). Así que asumir que el cambio es algo natural y lleno de incertidumbre, nos viene dado un poco por default. Lo importante es entender que somos un universo de capacidades infinito en el cual podemos echar mano y sacar las herramientas que necesitamos para ser líderes de lo que nuestro corazón desee.

Para ser “jefa”, tres cosas son fundamentales: un propósito, un equipo y una inversión. El primero es el motor ideológico, es necesario que lo conozcas muy bien porque es de lo que más vas a hablar (debería llegarte casi naturalmente, pero de esto podemos hablar en otro posteo). El segundo, llega cuando nos abrimos a pedir ayuda. Si no mostrás tu costado débil, nunca llegará ese equipo que te llene de los recursos que necesita tu proyecto para consolidarse. ¿Y la inversión? ¿De dónde viene? La primera fuente sos vos: tus ideas, tu voluntad y tu tiempo. Si no podés confiar en el valor que tienen esas 3 cosas, y “hacerlas valer”, tu proyecto arranca con menos combustible del que podría tener.

Ella no es solo "la mujer del jefe". Abogada egresada de Harvard, sus programas e iniciativas tienen peso propio. Fuente: Diario La Nación.

Ella no es solo “la mujer del jefe”. Abogada egresada de Harvard, sus programas e iniciativas tienen peso propio. Fuente: Diario La Nación.

Compartí tu poder
En su paso por Argentina, Michelle Obama dejó algunas frases muy interesantes sobre el rol de la mujer en la sociedad del futuro. Una de las que más me gustó fue:

“Apuesto a que todas conocen a una chica que tiene problemas y pueden ayudarla. Todas pueden ser líderes en este movimiento para empoderar a otras.”

Además del discurso militarizado del “Jefe”, también ronda un discurso sobre “proteger” nuestro éxito encerrándonos “a la Howard Hughes”, clausurando toda posibilidad de que se filtren nuestras ideas, nuestra energía, etc etc. “Que no te roben el fuego” dicho de alguna manera. Pero por el contrario: compartir nuestros saberes, recursos y redes, tanto con colegas (incluso competidores) como con tu equipo, o con cualquier aspirante a contribuir en el área en el que estás trabajando, siempre suma. (Nota mental: compartir no es igual a saltar sobre las dificultades ajenas y jugar a ser Superwoman resolviéndoles la existencia, eso sí es un mal uso de energía. Compartir es dar acceso a recursos para que el otro pueda hacer su propio camino con las herramientas que vos tuviste para hacer el tuyo.) Quizás este beneficio no lo recibís en forma directa e inmediata y quizás tenés que aprender a verlo como “buen karma”, pero mantener una actitud abierta de compartir “tus riquezas” facilita que lleguen más oportunidades a tu plato. Pensalo así: si no sacás algo de vos, no hacés lugar para que llegue algo nuevo. Empoderar multiplica el poder disponible, porque por suerte estamos hablando de un poder “infinito”, ese al que me refería al comienzo como una fuerza interna: el poder juzgar con sinceridad lo que hoy no es, abrazarlo, y confiar profundamente en que mañana puede ser posible. Eso es mucho más importante que “entregar” el dato de un proveedor, prestar o invertir dinero/tiempo, enseñar a usar una herramienta… y ¿sabés qué? Vos podés empoderar. No te pierdas esa experiencia.

¿Sos jefa? ¿Qué proyecto/equipo estás liderando? Contame y expandamos el círculo!

No sos jefa pero ¿te gustaría? Contame qué pensás que te falta.

No sos jefa ¡y no te interesa ni un poco! Contame por qué.

Si querés llevarte la ilustración de esta nota como wallpaper, hacé click acá.

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5 Comments

  1. Es genial y amo leerte porque me gustaría ser en algún momento líder de equipo. Por ahora solo soy empleada pero trabajo en casa para una empresa en Alemania y tratamos de ser un equipo independiente donde cada uno hace la parte que le toca y aporta lo suyo, es dueño de sus responsabilidades y no sentimos a los jefes como jefes, sino como líderes y guías.
    Estamos haciendo en el equipo de trabajo un book club, y el primero que nos dieron para leer es Turn the ship Around! de L. David Marquet. ¡Lo super recomiendo! es el capitán de un submarino, quien cuenta su experiencia cambiando la experiencia con los empleados de seguidores a líderes. Y como eso mejora las ganas de trabajar y la confianza, y también todo empieza a funcionar mejor. Lo estamos aplicando en el equipo de trabajo y da muy buenos resultados.
    Saludos y gracias por compartir tus experiencias :) inspiran.

    • Vik Arrieta

      ¡Gracias Vero por compartir! En mi experiencia, cuando en el equipo hay espacio para asumir las responsabilidades y aportar, es prácticamente una cuestión de evolución natural que aquellos que desean liderar terminen haciéndolo. Depende la empresa, eso podrá ser reconocido más o menos pronto (a veces, en empresas pequeñas como la mía sencillamente no hay suficientes niveles para que cada área tenga un equipo y un líder). Pero aún no teniendo una estructura tradicional (como describís), se pueden liderar proyectos en un equipo en el que todos tienen su turno para tomar la posta. Y es una dinámica de trabajo muy gratificante.

      ¡Tomo nota del libro! :)

      • ¡Genial! cuando leas el libro te vas a dar cuenta un poco, no se trata de liderar un equipo sino tu propio rol y responsabilidades, es genial poder hacerlo ya que trabajando en agencias digitales antes era muy frustrante pasar a ser un operador de todo lo que decía otra persona. ¡Al fin puedo aportar lo mio! Gracias

  2. Hola! Recien veo este post que me parece muy inspirador! Pero comparto que el equipo es todo, y la importancia de poder delegar y que cada uno asuma sus responsabilidades sin estar en modo control, pero… como empezar a armarlo???! Más cuando es un emprendimiento que esta empezando a crecer y son solo dos personas “jefes”, por lo que cada persona es clave pero supongo que esto pasa en todas las escalas! Me imagino que en algún momento de crecimiento de tu proyecto tuviste la necesidad de empezar a incorporar gente y estaría bueno saber como fue o que tuvieron en cuenta para el armado de el gran equipo que seguramente son :) Gracias!!

    • Vik Arrieta

      Agus! Tomo tu duda y prometo (en algún momento que Astor me lo permita) escribir al respecto. Sí, sin duda el incorporar gente a un proyecto es un gran desafío, que implica varios pasos: primero entender qué roles vamos a asignarles para poder entender qué es lo que buscamos, segundo hacer un buen trabajo de búsqueda, filtro y selección (que es un proceso que consume tiempo, ¡y mal encarado consume el tiempo que no tenemos!) y tercero pero no menos importante, transmitir los valores, objetivos y los roles que van a guiar a esas personas dentro de tu pequeña organización. Para cada paso es necesario reflexionar y armarse de las herramientas adecuadas. Beso!

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